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La mirada de Clio
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Blog La mirada de Clio - Mayte  Zapico López

Mayte Zapico López

No me importa tener arrugas en el rostro, lo que quiero es no tenerlas en el alma. Nunca te lamentes, nunca te rindas.

Sobre este blog de Sociedad

Un espacio para fomentar el cambio social y la reflexión sobre nuestra sociedad. A veces una mirada ácida, a veces una mirada crítica, pero siempre una visión donde estén presentes la libertad, la igualdad y la solidaridad.


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  • 03
    Febrero
    2012

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    Bajar a las aulas

     

    La educación pública ha sido en este país, desde la llegada de la democracia, el espacio para que todo grupo político llamado a gobernar quiera encontrar la cuadratura del círculo. O quizás sea todo mucho más sencillo: es igual que cuando ocupamos una nueva estancia de forma temporal (habitación de hotel, despacho, sala de reuniones…) y recolocamos a nuestro gusto los objetos que la decoran; los gustos estéticos de las personas son diversos. 

    En la educación pública ocurre lo mismo: lo que antes estaba a la izquierda se pone a la derecha, lo que estaba debajo se acomoda arriba, en el cartelito informativo (que sigue diciendo lo mismo) se cambia el tipo de letra y se buscan sinónimos… Cada vez que la persona del ramo toma posesión de la cartera, su primera decisión -quizás por reminiscencia de la escuela- es estrenar nuevos materiales sin pararse a valorar que los viejos puedan todavía servir, y sobre todo, olvida que lo importante es el contenido no el continente.

    El señor Wert está entusiasmado con el nuevo curso aunque me parece a mí que va a tener problemas con algunas materias. Es lo que ocurre cuando preguntas a tecnócratas a los que les encantan las estadísticas y que sólo salen de sus despachos para obtener nuevas estadísticas; es lo que ocurre cuando te aconsejas de quien ve la libertad de enseñanza como una amenaza. O más sencillo que todo eso: el señor Wert es un tecnócrata que considera la enseñanza pública como una forma de control. El pensamiento intereconómico y la querencia por ese híbrido extraño denominado concertada, pesa mucho en el ánimo del nuevo ministro de Educación.

    En todo caso, que yo sepa, nadie del ramo ha bajado a las aulas. Es decir, no se ha puesto en situación de preguntar a quienes saben de esto, al profesorado. Es triste pensar que este país tiene a personas sumamente expertas en necesidades, carencias, problemas y dificultades en la educación pública, personas con altos niveles vocacionales que se están formando de manera continúa, personas con una amplia experiencia que da el trabajo a pie de obra, y nadie del ramo se ha sentado sosegadamente a escucharlas. 

    El tecnócrata de turno es igual que el tecnócrata anterior pero con gustos estéticos distintos, cambia el orden de las cosas, los ítems, los baremos, los tantos por cientos,  y frunce el ceño ante la palabra maestro o profesor (también en femenino)… Ahora le da vueltas al término autoridad pública que intenta colocar como una medalla sobre un féretro, como un triste consuelo ante los errores cometidos; pero es un nuevo error. Los maestros y profesores (también en femenino) lo que desean es que su trabajo reciba el respeto de la sociedad y el generoso apoyo en recursos de los poderes públicos. 

    Si lo único para solucionar los problemas de la enseñanza en éste país, consiste en nombrar al profesorado autoridad pública, mal vamos; educar por métodos basados en el temor y  la fuerza, sólo consigue que se destruya la sinceridad y la confianza y tengamos personas disfrazadas de una falsa sumisión. 

    Educar es otra cosa; es formar con el conocimiento y la palabra y convencer con el ejemplo y la coherencia.

     

     

     

     

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