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  • 19
    Marzo
    2013

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    Dama melancolía

    Alain Chartier (1390-1430) escribe, en Francia, Esperanza y consuelo de las tres virtudes en 1428, donde por primera vez aparece la imagen de La "Dame Mérencolye" que se apropia de muchas de las funciones y aspecto exterior de la "Tristesse" del Roman de la Rose del siglo XIII. Pero mientras que esta última está desesperada y llorosa, en la "Mérencolye" predomina la apatía condicionada por su "temperamento terroso y plomizo". Este personaje vuelve a aparecer como "Melencolie" en la obra algo posterior del rey Renato de Anjou. Es una anciana, harapienta y miserable que intenta calentarse de un fuego casi apagado.
    El primer capitulo del libro de Chartier, "nacido del dolor", comienza con estas palabras:

    «Con este pensamiento triste y doloroso que siempre está en mi corazón y me acompaña, cuando me levanto y cuando me acuesto, que hace largas mis noches y cansina mi vida, llevo tanto tiempo fatigado y atormentando a mi pobre cerebro, tanto lo he oprimido y cercado de imágenes repugnantes, que no lo puedo emplear en asunto ninguno que pudiera traerme alegría o consuelo... Y en este trance vi venir hacia mí una vieja, muy desliñada en su atavío pero sin que eso le importase, flaca, seca y consumida, de complexión pálida, plomiza y terrosa, con la mirada gacha, el habla entrecortada y el labio colgante. Un pañuelo manchado y polvoriento le cubría la cabeza, un manto de ceremonia le envolvía el cuerpo. Acercose y de repente, en silencio, me tomó en sus brazos que sentí el corazón aplastado en el pecho como en un torno; y con sus manos me tapó los ojos y los oídos para que no viniese ni oyese. Y de esa suerte me llevó, desmayado y sin sentido, a la casa de la Dolencia y me entregó a las fauces del Terror y la Enfermedad. Aun a mi razón, aquel auxiliar joven y capaz que me había seguido, ora de lejos, ora de cerca, según me permitía Dios su compañía, aun a él le intoxicó con una bebida tan extraña y perniciosa, fermentada en frenesí y locura, que aquel joven bueno e inteligente, que para este propósito me había acompañado hasta el lecho, quedó junto a mí suspenso y como paralizado por el letargo. Y más tarde supe que aquella vieja se llamaba Melancolía, que confunde el pensamiento, seca el cuerpo, envenena los humores, debilita las percepciones y conduce a los hombres a la enfermedad y la muerte.

    Por ella, según Aristóteles, las mentes más sublimes y los entendimientos de hombres profundos y excepcionales fueron y son muchas veces confundidos y oscurecidos, cuando se han entregado a pensamientos demasiado profundos y diversos... Así, fuertemente atado en cuerpo y alma, fui arrojado sobre la yacija más mísera, en la que estuve postrado durante varios días con mal sabor de boca y sin apetito. Y tras gran debilidad, largo ayuno, amargo dolor y vaciedad en mi espíritu, que Dama Melancolía oprimía con sus duras manos, sentí que el órgano situado en el medio de la cabeza, en la región de la imaginación (que algunos llaman "fantasía"), se abría y entraba en flujo y movimiento...»
    Después aparecen «al lado oscuro del lecho» las horribles siluetas de Desafío, Indignación y Desesperanza, intentando convencer al triste protagonista para que se quite la vida, dándole ejemplos de famosos suicidas. Entonces Naturaleza despierta a Razón que hace aparecer a dos hermosas mujeres: Fe y Esperanza que portan una esencia balsámica y embriagadora.

     

    http://www.lloviendopiedras.com/2009/12/dama-melancolia.html

     

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