Blog 
LLOVIENDO PIEDRAS
RSS - Blog de LLOVIENDO  PIEDRAS

Sobre este blog de Cultura

www.lloviendopiedras.com


Archivo

  • 16
    Marzo
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Dos destinos, un cuadrilátero

    Dos destinos, un cuadrilátero es el titulo de la exposición de Ione Saizar en la galería de Gijón, El arte de lo imposible, fotografías de boxeo realizadas en el transcurso de una única velada, en Londres donde vive desde el año 1994.
    Cuenta la artista nacida en Zarauz en 1965, como la idea de la exposición le surgió tras presenciar un combate de boxeo en Londres. Observó en la lucha, como es “necesario un grado de agresión, pero también de control emocional” las imágenes surgen “empujadas, desdibujadas hasta que casi parecen un cuadro” encuentra en ellas “una observación del aspecto emocional y psicológico de ese dialogo aplicado a la vida”. Recuerda la primera imagen que vio en una televisión “imágenes en blanco y negro de dos hombres en un cuadrilátero. Robustos, musculosos, enormes, americanos. Uno de ellos era Muhamed Ali. Hombres que se golpean sin excusa necesaria. Hombres que al parecer han resuelto el miedo al dolor y a que siempre uno gane o pierda”.
    Admiradora de Antoine d´Agata (uno de mis héroes, al que tantas veces recurro para ilustrar mis textos, ya que sus fotografías reflejan el ánima de LLOVIENDO PIEDRAS), William Eggleston, Moriyama y Alice Neel; sus fotografías intentan reflejar, partiendo del primigenio blanco y negro de las veladas de leyenda, y reconvirtiéndolo con elegantes azules y algún otro toque de color, como la lucha continua. Figuras en movimiento, fuertes contrastes de luz y figuras corridas, idealizadas pero llenas de realidad, la realidad de esa noche que se mueve en busca del nihilista final, como el de Robert Ryan en The Set-up, tan bien retratado por la fotografía de Milton Krasner.

    Yo también vi ese combate de Cassius Clay cuando era un niño, recorrí descampados entre pueblos de adobe, con mi padre y mi abuelo en busca de un bar con televisor. Era el campeonato del mundo de los pesos pesados entre Muhammad Ali y Joe Foreman en Kinshasa en 1974, fue el combate de boxeo más famoso de la historia, una pelea mítica donde Ali se convirtió en "el más grande", la inteligencia domeñó a la fuerza, la clase a la fuerza, “flota como una mariposa y pica como una avispa”.
    Yo contemplo las siluetas de los púgiles, la rotundidad de los guantes, las cabezas enfrentadas, los torsos en escorzo, el movimiento salvaje de las figuras, observo los puñetazos sobre el fondo azul noche, escucho los gritos del público, el sordo sonar del intercambio de golpes, las botas deslizándose por la lona, el intento de bailar contra la muerte convertida en otro hombre (pobre) y desesperado como tú (yo) mismo. Las fotografías de Ione son como elegantes cerámicas negras impresas sobre un fondo azul, Tal vez el recuerdo, idealizado de la infancia, le ha hecho ver la lucha de una manera romántica, ya sabemos que la patria es la infancia el único sitio donde hallaremos la felicidad y al que nunca regresaremos. Los golpes se suceden, ya no hay sitio para juegos, hay que proteger la mandíbula de los uppercut y tener cuidado con que no nos golpeen el hígado. Un golpe de arriba abajo en el maxilar inferior y todo se habrá acabado para muchos, esa maldita mandíbula de cristal que acabó con tantos sueños de gloria. Aunque para otros el final estuvo en un crochet seco en la oreja, como los golpes de Duran "Mano de piedra", cuando el contrario después de recibir el golpe todavía no se da cuenta de que está acabado e intenta dar un paso y de repente se ve en la lona con el cuerpo doblado.
    Historias de la noche, historias de sangre y derrota, el dolor como una herramienta para conseguir la felicidad, esa felicidad que venden en los escaparates de los grandes almacenes y en los anuncios de la televisión (ahora en color).
    Solo los más grandes, como Jack Densey, Muhammad Ali o Sugar Ray Robinson, conseguirán la gloria y se convertirán en héroes, no en aquellos "ídolos de barro" que se arrastran vencidos por los tugurios de la noche, como remedo de un circo para sombras.
    Movimiento en la oscuridad, un ritual antiguo, como si fuese una danza funesta que anticipa la derrota y aunque los dos lo saben a ninguno le importa o tal vez precisamente por eso se estén pegando, por la búsqueda de una efímera gloria, de un escapar de la puta realidad, de las interminables horas de miseria y de desesperanza, y la búsqueda de una salida, de un escape en unos guantes de boxeo. A fin de cuentas, ¿no es la vida La gran ramera de Babilonia?

     

    http://www.lloviendopiedras.com/2011/08/dos-destinos-un-cuadrilatero.html

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook