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  • 14
    Agosto
    2013

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    El vampiro

     Rudyard Kipling (1865-1936), el bardo del Imperio Británico, escribe los versos de El vampiro en 1897, el mismo año en que Bram Stoker (1847-1898) publica el paradigma del género, Drácula. Dice que ha sido inspirado en el cuadro que Philip Burne-Jones (1861-1926) acaba de pintar a su amada, la actriz de moda en Londres, Patrick Campbell. El exitoso pintor era hijo del reconocido artista inglés, Sir Edgard Colley Burne-Jones (1833-1898), uno de los creadores de la Hermandad Prerrafaelita, un movimiento artístico que bajo la influencia del Romanticismo, defiende la libertad del pintor y una vuelta a la Edad Media, donde los valores espirituales tenían más fuerza que una mera representación realista de la naturaleza, enfrentado su idealismo al materialismo realista del impresionismo francés.

     

    El vampiro, Rudyard Kipling

    Un idiota había que rezaba
    (igual que tú y yo)
    a un trapo y a un hueso y a un mechón de pelo
    (le llamábamos la mujer despreocupada)
    pero el idiota te llamaba su dama perfecta-
    (igual que tú y yo)

    Oh, los años perdidos, las lágrimas perdidas
    y el trabajo de nuestra cabeza y mano
    pertenece a la mujer que no sabía
    (ahora sabemos que no podía nunca saber)
    y no comprendíamos.

    Un idiota había que sus bienes gastaba
    (igual que tú y yo)
    honor, fe, una tentativa segura
    (y no sólo era eso lo que la señora quería decir)
    pero un idiota debe seguir su instinto natural
    (igual que tú y yo)

    Oh, el trabajo perdido, los tesoros perdidos
    y las mejores cosas planeadas
    pertenecen a la mujer que no sabía por qué
    (ahora sabemos que no sabía nunca por qué)
    y no comprendíamos.

    El idiota reducido fue a su pellejo idiota
    (igual que tú y yo)
    lo que puede ella haber visto que le dejó de lado-
    (pero no recuerda nadie cuando la dama lo intentó)
    así algunos de ellos vivieron, la mayoría han muerto
    (igual que tú y yo)

    Y no es la vergüenza ni la culpa
    que hiere como un tizón al rojo-
    se llega a saber que ella nunca supo por qué
    (viendo, al fin, que no pudo nunca saber por qué)
    y nunca pudimos comprender.
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    Theda Bara (1885-1955) llegó a Los Ángeles en 1914, y empezó a trabajar como extra hasta que la mujer de William Fox decidió apostar por ella a pesar de su edad (treinta años eran demasiados años para una estrella).

    La que eligieron para que fuese su primera película, había sido un éxito en Brodway y el mismo escritor, Porter Emerson Browne, la había convertido en novela en 1909. Su título de A fool there was (Fue un tonto) lo había sacado del primer verso de The  vampire, el poema de Kipling.

    La vampiresa era un ser un humano, ya no un demonio pero aún así la historia rebosaba dramatismo.

    Por primera vez se utiliza la palabra 'vamp', el apócope de “vampire” es una palabra que define no solo al monstruo, sino a cierto tipo de mujeres, la “femme fatale”, la mujer fatal que enamora y destruye. Theda será el rostro que encarne este nuevo arquetipo.

    Al final de Fue un tonto, él se arrastra al borde del suicidio, ella se acerca y le habla al oído: 'Kiss me, my fool…'

    Theodosia Goodman pasará a ser Theda Bara, el anagrama del término 'Arab Death', la 'Muerte Árabe'. La mujer de Illinois fue alojada en suites de hotel convertidas en jaimas donde seducía a los periodistas mientras engordaba la leyenda.

    'La más célebre de las vampiresas, en el papel más osado, provoca la ruina y toda clase de desastres a miles de hombres'. Ese era el cartel de la pelicula. Fue la primera estrella del firmamento de Hollywood, el primer monstruo parido de su laboratorio, “la hija de una bohemia artista francesa enamorada de un jeque árabe”.

    En 1915 apareció en seis películas, obtuvo el éxito mundial con Carmen y dos años después creo un nuevo icono en la historia del cine, el personaje de Cleopatra.

     

    http://www.lloviendopiedras.com/2013/08/el-vampiro.html

     

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