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  • 07
    Agosto
    2013

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    No hay olvido

     Una mañana apareció este poema de Neruda entre los comentarios anónimos del blog, fue hace unos meses, y es un poema brutal que sin duda rezuma lluvia de piedras:

     

    Si me preguntáis, en dónde he estado

    debo decir "Sucede".

    Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras,

    del río que durando se destruye:

    no sé sino las cosas que los pájaros pierden,

    el mar dejado atrás, o mi hermana llorando.

    Por qué tantas regiones, por qué un día

    se junta con un día? Por qué una negra noche

    se acumula en la boca? Por qué muertos?

    Si me preguntáis de dónde vengo, tengo que conversar

    con cosas rotas,

    con utensilios demasiado amargos,

    con grandes bestias a menudo podridas

    y con mi acongojado corazón.

    No son recuerdos los que se han cruzado

    ni es la paloma amarillenta que duerme en el olvido,

    sino caras con lágrimas,

    dedos en la garganta,

    y lo que se desploma de las hojas:

    la oscuridad de un día transcurrido,

    de un día alimentado con nuestra triste sangre.

    He aquí violetas, golondrinas,

    todo cuanto nos gusta y parece

    las dulces tarjetas de larga cola

    por donde se pasean el tiempo y la dulzura.

    Pero no penetremos más allá de esos dientes,

    no mordamos las cáscaras que el silencio acumula,

    porque no sé qué contestar:

    hay tantos muertos,

    y tantos malecones que el sol rojo partía

    y tantas cabezas que golpean los buques,

    y tantas cosas que quiero olvidar.

     

    Le di vueltas al poema buscando su significado, algo más que la desoladora sensación que me causó, y fui leyendo y fui intentado comprender.

    No hay olvido forma parte de la Segunda Residencia en la Tierra, escrito por Neruda entre 1931 y 1935.

    El hombre que se planta delante de la vida y dice Yo, sabiendo que más allá de la vida está la muerte y que por tanto vivir es morir: “Sucede”. De esta manera sólo importa el presente, el pasado ya no es vida y el será no es; aún así duele lo hecho y lo que no va a ser, el camino estará marcado por lo vivido.

    El drama del poema es como consigue transmitirnos la temporalidad de la existencia, la realidad del fin. Pero no invita a la renuncia, si a la renuncia de otros pero no a la nuestra, el cerco de la muerte nos obliga al Yo, ya que la agonía es propia, es sola. Y así nos vamos perdiendo por el camino, renunciando, abandonando cosas en búsqueda de ese secreto final, y con cada perdida se corrompe el corazón, se engrandece la muerte, ya que andar es morir.

    El dolor como algo presente y no abstracto, la pudrición y la amargura a que nos somete la vida, nuestro constreñido corazón que ve como se pierde su sangre. No es el pasado sino el ahogo del presente lo que nos anega, las hojas que caen del árbol, los días, los años…

    También el tiempo nos da alegrías, todo cuanto nos gusta y aparece en las dulces tarjetas de larga cola, cosas bellas, pero sólo apariencia, mascara para distraernos de la angustia, para mostrarnos lo cotidiano como dulce; sólo la manzana dentro de la que está el veneno, la muerte, y tantas cosas que quiero olvidar.

     

    http://www.lloviendopiedras.com/2013/08/no-hay-olvido.html

     

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