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  • 04
    Noviembre
    2012

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    Nuria y Héctor. En el coche

     

    Cinco y cuarto de la tarde, día soleado. En dirección a Benavente por la A-66.

     

    NURIA: ¿Te imaginas vivir en un pueblo en mitad de un páramo?

     

    HÉCTOR: Si, perfectamente. Ya sabes… vacaciones sin playa, la seca obligación, el aburrimiento eterno. Sólo había un transistor y de vez en cuando un árbol.

     

    N: Los que hemos nacido en una ciudad estamos tan condicionados que no podemos volver a la paz bucólica del campo, nos resulta artificial.

     

    H: Yo prefiero la paz bukowskiana. No conozco pueblo feliz, todos se conocen y todos hablan. Lo del buen salvaje se quedo en el salvaje a secas.

     

    N: La culpa de todo, como siempre, la tiene el sueño americano con su ración de adosados y verdes praderas y cortacéspedes.

     

    H: Ahí no hay nada de naturaleza, el único verde es el de los billetes.

     

    N: Siempre puedes dedicarte a podar tu jardín zen.

     

    H: Nadie sabe lo que es un jardín zen salvo los lectores del suplemento de El País, y ya quedan pocos.

     

    N: Estamos obsesionados con la vuelta a la naturaleza y sus encantos; es el fracaso de la posindustrialización. Necesitamos parcelas como sustituto de la religión.

     

    H: Yo no quiero volver a la naturaleza y mucho menos a misa.

     

    N: Ya verás, resulta que vamos a copiar el modelo de vida de los progres de salón que tanto detestamos o que tanto echamos de menos…

     

    H: Los que en los ochenta pasaron del citroen al BMW y a la Dirección Regional.

     

    N: Al final sólo te dejan escoger entre dos caminos; el pack  A, de los ideales o el pack B, del poder.  

     

    H: Ya, pero ellos se pusieron morados, primero con el A y luego con el B.

     

    N: ¿Quienes son ellos? Dime nombres y apellidos que los apunto en mi lista.

     

    H: Sí, como hacía Víctor McLaglen en El hombre tranquilo. Son los que salen todos los días en los periódicos y los que nos han metido en esta estafa.

     

    N: Al final no sé por qué oscura razón, nos volvemos tan apáticos... Pasan los años y lo que deseas es tener una vida tranquila, sin sobresaltos. Ya sabes, ver crecer la hierba. ¿Tú qué vas a hacer cuando seas mayor?, ¿dónde querrás vivir, en la ciudad o en campo? ¿Tienes algún plan?

     

    H: Si, yo quiero volver a la ciudad de mi infancia, al barrio obrero. Calles llenas de bares para disfrutar la vejez leyendo los periódicos en compañía y poniéndolo todo a parir. ¿Qué voy a hacer yo en un pueblo rodeado de pasto, como tú dices, y hablando del tiempo con los vecinos?

     

    N: Eso huele a comprometido de boquilla pero en realidad lo que deseas es algo muy diferente.

     

    H: Irme a Benidorm, no te jode.

     

    N: Pues yo, ¿sabes lo que quiero?

     

    H: ¿Qué?

     

    N: Vivir en una comuna. Cuando tenga setenta, por fin voy a vivir en una comuna. A mi edad, ¿qué te parece? y voy a vestirme con ropas de colores, con muchos lunares y pelucas. Voy a hacer lo que me salga de las narices. Formar un grupo punk transmetal. Ahí está la verdadera revolución, en el punk.

     

    H: Será el punk gagá.

     

    N: Ya sé que prefieres dormitar porque según tú, ya lo has probado todo y estás de vuelta de esa impostura, ¿no?

     

    H: No, sólo falta que me desahucien.

     

    N: También voy a tener sexo sin amor.

     

    H: ¿Con los de setenta o con los setenta de la comuna?

     

    N: ¡Qué le den al amor! otro de los inventos que tanto daño nos ha hecho.

     

    N: ¿Y cómo se va a llamar la comuna, Vacaciones en el mar o La casa de la pradera?

     

    N: Vamos a ser todos sanísimos.

     

    H: Y guapísimos, como los presentadores de la tele; todo sonrisa y encefalograma plano.

     

    N: ¡Si! de tanto muesli, copos de avena y arroz integral, tofu, jalea, ginseng. No necesitaremos viagra. Bailaremos funky todo el rato y escucharemos a Barry White y a Michael Jackson sin complejos, por fin.

     

    H: Y a María Ostiz.

     

    N: Se acabó lo de tener que parecer guapa y culta, qué descanso.

     

    H: Pero si os vais a pasar todo el día durmiendo y poniéndoos la dentadura postiza.

     

    N: Vamos a ser más auténticos que los alemanes, esos viejos neo hippys que van en bici por Berlín, así quiero ser yo.

     

    H: Todos en fila india y colocados como Armstrong.

     

    N: Con muchas flores y mucho incienso y buen rollito.

     

    H: Con esa pinta podéis hacer el camino de Santiago.

     

    N: ¿Pensaste alguna vez que llegaríamos hasta aquí, qué íbamos a durar tanto tiempo, quiero decir?

     

    H: ¿Hasta dónde?

     

    N: Que viviríamos tantos años; son demasiados. Estoy cansada.

     

    H: ¿De qué estas cansada? No ves cómo está tu madre y las ganas de vivir que tiene.

     

    N: Es diferente, ella nació en la escasez, nosotros alcanzamos el consumo. Ahora estamos hastiados.

     

    H: ¿Tienes miedo?

     

    N: No, va todo muy deprisa.

     

    Imágenes Natalia Pastor

    Texto Roxana Popelka y Juan Carlos Suárez

     

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