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  • 08
    Abril
    2013

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    Roxanne

    Cuantas veces me dije al subir al coche que hoy sería la última vez, que te iría a buscar y que nada me detendría. Todas las noches no dormía y no sabía mas que del sabor de tu sexo. En verano llevabas una camiseta de tirantes negra y tus pechos me apuntaban como queriendo salirse de sus órbitas. De noche, cuando llegaba el frío, caminabas arriba y abajo; siempre te cogían rápido. Te veía como te hablaban, como te decían y como cuando te reías, los tomabas de la mano y les hacías cruzar la puerta y subir las escaleras. Era noche la noche entonces, cuando empezaba a llover te esperaba en el coche y si tardabas, tenía que cerrar los ojos y pensaba que estabas conmigo en la habitación, que me besabas. Me excitaba, te olía en sueños, entonces picabas en la puerta y ya estaba. Me dabas la mano y yo te besaba como si fueses una niña, Siempre tenía frío aunque sabía que tú llorabas. En casa siempre era igual, nos sentábamos en el sofá y yo abría una botella, tú deshacías un pitillo y mezclabas un poco de maría, liabas rápido y tranquilo. Quedábamos dormidos en el sofá, abrazados, soñando no se en qué, en paisajes que no veríamos y en lunas que jamás pisaríamos. La noche se derretía con nosotros. Yo acariciaba tu piel despacio mientras te veía respirar. El otro día que volviste rota, me dijiste apenas palabras, yo te mordí los labios. Ahora recuerdo tu saliva. Ayer cuando te fui a buscar ya no estabas, me dijeron que te habías ido en un coche grande.

     

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