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Blog Meditaciones desde Paraxes - Celsa Díaz

Celsa Díaz


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  • 17
    Agosto
    2013

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    La riqueza humana, paisajística y cultural de Salas

    La pintora Celsa Díaz ha sido la encargada este año de leer el pregón de las fiestas de Salas, donde reside, concretamente en el pueblo de Aciana. Díaz, colaboradora de LA NUEVA ESPAÑA, repasa en estas líneas su infancia en un concejo al que está vinculada por su padre, el médico Manuel Díaz, natural de Aciana. La pregonera concluye con un llamamiento a los salenses a luchar por el futuro de su territorio en base a las muchas posibilidades de éste

    Celsa Díaz Cuando José Manuel Alonso, presidente de la Comisión, me preguntó si podría contar conmigo para dar el pregón de inicio a las fiestas de la Virgen del Viso y del Bollo en Salas, quedé tan estupefacta que casi se me atraganta el café que estaba tomando en ese momento. Y no sólo por ser un indiscutible honor, sino porque pensé: ¿Qué puedo contar yo a las personas que han nacido, crecido e incluso continúan viviendo en este concejo? Pues mi relación con este territorio, hasta hace una década más o menos, gira sobre todo en torno a una educación sentimental, aunque no exactamente en el sentido flaubertiano.


    Fue mi padre, Manuel Díaz, el que me inculcó desde la infancia su gran amor por esta tierra. Aún recuerdo que llegando en coche desde Oviedo y siendo nuestro destino su pueblo natal, Aciana, al comenzar la recta de entrada a Salas aspiraba fuerte y exclamaba «Hmmm. Aquí se respira mucho mejor ¿No lo notáis?» Y sí, claro que lo notábamos, porque en ese momento el auto nos introducía en lugar privilegiado. Durante la infancia era el del juego sin trabas, sin restricciones. Recorríamos el pueblo confiados al cuidado de los mayores del grupo, que ya supondrán ustedes que tendrían cosas mucho más interesantes que hacer que correr detrás de una panda de mocosos. Así que lo habitual era llegar pingando después intentar cruzar el río, con los pantalones y camisetas rasgados resultado de exploraciones en misteriosos territorios llenos de zarzas, caídas libres desde árboles cargados de frutas o carreras delante de algún perro poco amigable.


    Algún martes los adultos nos traían al mercado semanal, y después de muchos días trotando por prados y montes, Salas, especialmente jaranera, se presentaba ante mí casi casi como un Manhattan astur. Pero lo realmente especial era el halo de misterio que rodeaba al castillo con su torre que en aquellos primeros 70, aún sin restaurar, acercaba el escenario de la villa a las historias más fantásticas que pudiera elaborar la imaginación infantil. Aunque la realidad giraba en torno a un café en La Gran Parada o un refresco en Casa Casín, compras, tertulias con los conocidos, y de nuevo a la vida en el pueblo.


    Y con el tiempo, como no podía ser de otro modo, en este lugar también conocí mis primeros amoríos. Los juveniles, los de verano, tan intensos y poco duraderos como el buen tiempo en Asturias.


    Asimismo fue mi padre el que me acercó a historias y personas de su concejo ya fuera con especial orgullo o con tremendo sentido del humor. De un concejo que ahora es también el mío. Unos recuerdos que hace pocos años se reavivaron gracias a Ana, Marcos y José María que con no poco esfuerzo lograron editar un magnífico libro que resume el último siglo de nuestra historia a través de sus imágenes. ¿Recordaban ustedes al poeta popular llamado «Cagalera»?, ¿sabían de la existencia de Regina Álvarez, la mezzosoprano que cantó con Enrico Caruso?


    Pero fueron mis propios recuerdos, los que antes les mencionaba, los que hicieron que con el tiempo escogiera este mismo lugar para establecerme, y es de este pasado reciente, del presente y del futuro de lo que quiero hablarles. Un pasado que determinó nuestro presente; un presente que condiciona nuestras esperanzas de futuro.


    Pero no. No voy a ser yo quien continúe este pregón. Creo que si en algo me precipité cuando me establecí en Aciana fue en poner un gallinero. Ya se hacen idea de lo que vino poco después: unas gallinas contestatarias, un clamor por la independencia avícola y la creación de la República Independiente de Paraxes (que por lo bajini, y sin que ellas se enteren, les haré notar que responde a las poco afortunadas siglas RIP, algo que las aves detestan que se sepa y no reconocen ni bajo tortura).


    Y, por supuesto, la imposibilidad de escribir una sola línea sin tener alrededor a gallos y gallinas dando su opinión y aleteando sobre el teclado. Seguro que Esopo, La Fontaine o Samaniego no tuvieron que sufrir semejante suplicio, pues la fábula hubiera perdido a sus grandes representantes. Pero éste no es mi caso, y en esta tesitura tuve que elaborar este texto, a su dictado, a riesgo si no de pasar las peores fiestas de mi vida. Me convierto, por tanto, en un mero portavoz de las opiniones gallináceas, haciéndome relativamente responsable de las palabras que reproduzco.


    Del pasado reciente, me dicen, nos queda el amargo sabor del derroche y de la mala gestión (que deberían haber quedado atrás, sustituidos por la transparencia, la participación ciudadana y el fin del absolutismo de la autodenominada «clase política»), y bien visibles en los perfiles recortados de los pilares vergonzosamente abandonados de la autovía, que nos recuerdan que éramos un territorio aislado y que lo seguimos siendo; que nada fue lo que parecía que iba a ser.


    Esa geografía del abandono a la que alude a menudo en sus inteligentes artículos Luis Arias, escritor y profesor; lúcido cronista de nuestro pasado y nuestro presente. Nos queda, asimismo, una despoblación alarmante acompañada de un claro envejecimiento (menos de gallinas, naturalmente) y unas perspectivas de futuro escasamente halagüeñas si nos resignamos al devenir de los acontecimientos. Inmersos como estamos en una gravísima crisis de consecuencias económicas innegables, pero -y sobre todo- de una pérdida de valores éticos alarmantes, especialmente por parte de aquellos sobre los que teníamos depositada en mayor o menor medida nuestra confianza, hemos de ser los ciudadanos los que tomemos cartas en el asunto.


    Hal Foster, crítico de arte estadounidense, decía en 1996 hablando de la política cultural, que la derecha siempre está dispuesta a amenazar con el consabido «lo tomas o lo dejas» y la izquierda a preguntarse «¿Dónde salgo yo en este cuadro?». Traslademos estas manifestaciones a la generalidad de la paupérrima vida pública actual, y a pesar de los más de tres lustros transcurridos desde entonces, ¿no nos suena aún conocida (aunque en ocasiones intercambiable) esta aseveración? Y aludo a esta cita porque como persona dedicada en cuerpo (y sobre todo en alma) a lo visual mis referentes, aunque siempre unidos a lo ético, son ante todo estéticos.


    Es por ello que echo de menos algunos hitos importantes de nuestro reciente historial artístico, como las exposiciones Escultura en Norte que, con sus luces y sus sombras, se realizaban en la villa; y aunque había factores manifiestamente mejorables, durante unos años se convirtieron en referente y cita obligada para muchos asturianos que todavía preguntan por su próxima edición. Y no puedo aludir al ámbito cultural sin mencionar y agradecer la labor y el esfuerzo que pone el aula Valdés Salas en que nuestra villa participe del mundo de la información global y accesible.


    Pero estaba hablando (perdón, mis gallinas estaban hablando) de nuestro papel como ciudadanos y protagonistas de estos tiempos más bien oscuros y que aquí, en Salas, nos alcanzan con mucha desventaja. Si siempre se nos achacó cierta pasividad, bien podemos trocar esto en nuestro provecho. Somos gente que acostumbrada a apañarnos por nuestra cuenta, cuando nos unimos para un fin común, obtenemos resultados alentadores, tanto en lo público como en lo privado.


    ¿Cómo no mencionar la altísima calidad de la enseñanza en nuestro concejo? Y no me refiero exclusivamente a épocas pasadas que hicieron de la villa un vivero de grandes profesionales en muchos ámbitos del conocimiento. El Instituto Valdés Salas ha sido merecedor en los últimos años de premios de excelencia por una u otra causa. La colaboración y buen hacer de padres, alumnos y profesores ha sido clave en todas las etapas de la vida escolar. Orgullosos que estamos, debemos defenderlo con decisión de la debacle que se cierne sobre lo público. De todo lo público. Lo que ha costado tanto y a tantas generaciones conseguir; lo que durante años constituyó nuestra mejor aportación al bienestar y ahora, desolados, vemos desmantelarse.


    Al igual que nuestro patrimonio artístico, rico y variado pero infrautilizado e incluso maltratado; o el capital paisajístico, que a pesar de las últimas agresiones, es aun envidiable. Son, pues, estas referencias las que debemos tener en mente, y no los grandiosos proyectos que destrozan nuestra mayor y única riqueza, lo mejor que tenemos, prometiendo engañosamente el oro y el moro. Es hora de ser realistas, reconocer nuestras limitaciones, pero, sobre todo, nuestras potencialidades. Neguémonos a destrozarlas fiados en promesas de enriquecimientos rápidos que en el mejor de los casos son muy cortos en el tiempo. Confiemos en nosotros mismos siendo voluntariosos pero exigentes.


    Me indica Elvira, y no precisamente de manera discreta, que estoy poniendo demasiado de mi cosecha; que ya está bien de quejas y lamentos, que recuerde que aquí estamos dando el pistoletazo de salida a unas fiestas en las que toca disfrutar con amigos y familiares. Pero aun a riesgo de recibir un picotazo, quiero finalizar reproduciendo un párrafo del texto firmado por la comisión de fiestas de mi parroquia, San Vicente, escrito hace ya casi un año: «No depositemos nuestras esperanzas en imposibles milagros, sino en el coraje, el trabajo y la excelencia. No nos dejemos engatusar por cantos de sirena y luchemos con uñas y dientes por dignificarnos y dignificar nuestro mundo. Que como Ulises, no nos rindamos hasta llegar al fin de nuestra odisea».


    Muchas gracias y desde Paraxes os deseamos a todos y a todas que éstas sean las mejores y más felices fiestas que hayáis tenido hasta ahora.

     

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