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Blog Memoria en Negativos - Miki Lopez

Miki Lopez

Fotoperiodista de La Nueva España y músico en excedencia. Contemplo la vida a través de una cámara. mikilopez@epi.es

Sobre este blog de Asturias

Tal vez una imagen valga más que mil palabras pero normalmente me quedo corto.


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  • 10
    Noviembre
    2017

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    asturias kayak Mar Cantabrico

    Verdes aguas del mar Cantábrico

    Verdes aguas del mar Cantábrico

    Jandro en su kayak. Llanes, junio de 2015. Miki López/La Nueva España

    Un mar impetuoso

    El entorno marca el carácter de las personas. Seguramente será por eso que los pueblos cantábricos suelen hacer gala de ese carácter impetuoso que parecen haber heredado del mar. Mucha gente de más allá del Negrón me dice que este es un mar para disfrutar desde fuera porque es demasiado hostil desde dentro. Tal vez sea verdad. A fin de cuentas, los asturianos somos tan huérfanos de sus galernas como hijos de sus costeras. Pero lo que es indudable es que merece la pena arriesgarse a vivirlo desde dentro porque la belleza que atesora este pequeño océano, se oculta muchas veces en los retorcidos recodos de su costa quebrada.

    Frágiles ante su bravuconería

    Hace un par de veranos que embarque en un kayak de mar con Calo, Alex y otro grupo de monitores de la Escuela Asturiana de Piragüismo con la intención de descubrir esos rincones ocultos entre los acantilados imposibles del concejo de Llanes. Era a finales de junio, en un día despejado pero con ese nordeste fresco. Hace años ya había descubierto que la fragilidad de verse en mitad de su bravuconería te hace ínfimo. Fue en una galerna que oscureció el cielo en julio de 1993. Pocas veces pasé tanto miedo como aquel día en que las luces de las farolas de La Arena se encendieron a las 14:00 de la tarde, justo cuando conseguíamos entrar por la bocana del puerto de San Esteban empujados por enormes olas que rompían sobre la popa de la lancha de mi tío Paco.

    Mágica transformación

    Por eso, al verme una vez más en mitad de este mar mágico que una vez me enseñó los dientes, siento el respeto que siempre se le debe tener . Respeto y admiración por su hermosura oculta, capaz de convertir las aguas grises de una tempestad en cristalinos verdes bajo sus acantilados cuando llega la calma. Y todo en cuestión de minutos. No dejéis de disfrutarlo jamás, si es que se deja, claro.

     

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