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  • 28
    Julio
    2016

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    Oviedo Internacional

    Chelsea e Ivanka, examigas en campaña

    Dos viejos amigos se enfrentan por un cargo tan apetecible como el de presidente de los Estados Unidos y es lógico que la tensión afecte a sus parentelas. Eso les pasa a Chelsea Clinton e Ivanka Trump. La unigénita del matrimonio Clinton y el ojito derecho del aspirante republicano eran uña y carne hasta que la política se cruzó en sus vidas –es un decir porque en la de Chelsea siempre ha estado presente, y en la de Ivanka mucho más de lo que erróneamente se dice por ahí. La relación entre ambas mujeres era tan buena que hacían planes en familia con sus respectivos maridos, los dos de eminentes familias judías.

    Han posado en alfombras rojas y seguramente han compartido confidencias sobre los hijos y la dura vida de dos millonarias en Nueva York. Con mamá y papá en plena lucha esa complicidad se ha acabado y resulta dudoso pensar que un día pueda recuperarse. Trump es especialmente duro cuando se refiere a Hillary. Ella tampoco ahorra descalificaciones para el rival que saca a relucir los escándalos sexuales de Bill Clinton y pone en entredicho la honestidad de la candidata demócrata.

    Nadie diría que también fueron excelentes amigos. Los Cinton acudieron en 2006 a la boda de Trump con Melania Knavs. Los patriarcas han compartido muchas tardes de golf y los Trump hicieron suculentas donaciones a la frustrada campaña de Hillary en 2008.

    Ahora todo ha cambiado. La verdad es que Hillary y Donald han conseguido que en las casas americanas la política sea cuestión privilegiada. Hasta se dan casos curiosos entre votantes demócratas, que esta vez optan por Trump y entre partidarios del GOP que prefieren respaldar a “Killary” como la llaman algunos, antes que dar su apoyo al empresario.

    Las hijas padecen en silencio los efectos colaterales de la batalla. Chelsea, de 36 años, es seria y reservada, Ivanka, de 34, toda una socialité con la belleza de su madre, Ivana. Las dos han recibido una educación exquisita y trabajan vinculadas a la Fundación Clinton y la Corporación Trump, respectivamente. Y es que si las empresas de Trump son supuestamente boyantes la Bill, Hillary & Chelsea Clinton Foundation, creada en 1997 lleva recaudados más de 2.000 millones de dólares para sufragar once iniciativas que van desde la lucha contra el sida en África hasta la reconstrucción de Hahití. Emplea a unas 2.000 personas, y tiene un presupuesto anual de 223 millones de dólares. Peter Schweitzer cuenta en su libro "Clinton Cash” que muchas de las donaciones a la Fundación Clinton influyeron en las decisiones de la actual aspirante presidencial durante su periodo como secretaria de Estado (2009-2013).

    En fin, que tal y como están las cosas, para que Ivanka y Chelsea no se disgusten demasiado pensando en sus desavenencias, Georgina Bloomberg, la hija del exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg, otro examigo de Mr. Trump, se convierte en tercera en discordia y reconoce que es muy cercana a los niños Trump. Asegura que eso no cambiará. El pequeño detalle es que Georgina habló antes de que su padre interviniese en la Convención Demócrata de Filadefia para apoyar a Hillary y llamar “timador” y “demagogo peligroso” al magnate tan multimillonario, voluble y caprichoso como él. La política y el dinero siempre van de la mano en América.

     

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