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Mirada Exterior
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  • De guayaberas y deudas

     

     Una de aquellas tardes prerevolucionarias Alfredo Guevara, cineasta e intelectual cubano que presumía de ser el único isleño que odiaba las guayaberas, le enseñó a Fidel Castro la librería del Partido Comunista, en la avenida Carlos III de La Habana. Se llevaron varias obras sobre estrategia militar soviética. La compra quedó anotada. Ahí sigue, nunca resultó saldada. El lunes pasado dos ministros españoles, Luis de Guindos y José Manuel Soria, se enfundaron el “esmoquin caribeño”, de lino blanco y alforzas verticales, a unos 150 euros la pieza, y le perdonaron al régimen de los Castro más de 200 millones de euros debidos a España.

    La versión oficial sostiene que ambos gobiernos han suscrito un acuerdo que contempla la condonación de la totalidad de los intereses de demora y parte del principal, entre otros aspectos. El montante corresponde a impagos desde el año 2000 y se deriva del seguro de crédito a la exportación con cobertura oficial gestionado por el organismo español CESCE. El acuerdo es fruto de las conversaciones que De Guindos y el vicepresidente cubano, Ricardo Cabrisas mantuvieron el pasado julio en Madrid. El ministro asegura que sienta las bases para una relación financiera bilateral. Habrá que verlo. De momento, el comandante y los suyos, logran zafarse de los compromisos contraídos. De nuevo, España, que llega tarde y mal al jugoso reparto de la tarta cubana, se inclina ante quienes aún no han saldado añosas cuentas pendientes con miles de españoles expoliados y perjudicados por la Revolución que gobierna el país antillano desde 1959.

    Tal vez De Guindos y Soria –que como canario que es luce la guayabera con más gracia que el responsable de Economía-desconozcan muchos de los avatares que han acompañado al castrismo y a su relación con España, a lo largo de casi seis décadas de una dictadura comunista que no se llevó nada mal con la del general Franco. Esa ignorancia podría tener un forzado pase. Al fin y al cabo, nadie lo sabe todo, por muy gobernante VIP que sea. Lo que no cuela es que las compañías españolas vayan de segundonas en esa cartilla de baile cubana que desde el anuncio del deshielo, por parte de Obama, el pasado mes de diciembre, bulle en compromisos, casi todos con nombres anglosajones.

    La Habana está mucho más cerca de Washington que de Madrid, no sólo geográficamente. A ello contribuye la estrategia del Ejecutivo Federal. El bombardeo de información y oportunidades para invertir en Cuba es total. A través de la llamada Small Bussines Administration, el Gobierno estadounidense ayuda a las PYMES americanas a implantarse en la isla, a tan sólo 90 millas de Key West.

    En marzo de este año la sede del Nasdaq, en Nueva York, acogió la conferencia Oportunidades en Cuba, en la que 240 empresarios se pasaron un día entero con altos funcionarios federales, expertos sobre las posibilidades y riesgos de negocios en Cuba. Antes de la sesión, organizada por empresas privadas, el Consejo de las Américas, y la Escuela de negocios Wharton, de Universidad de Pensilvania, se preguntó a los participantes cuánto dinero estarían dispuestos a invertir en Cuba para la próxima década. La cifra ronda los 12.000 millones de dólares (unos 11.000 millones de euros).

    España tendrá muy difícil acercarse siquiera a esos objetivos, menos aún si adopta el papel de comparsa perdonadora y sigue empeñada en entrar a Cuba por la puerta de atrás. El Estado, todos los españoles, pierden 200 millones de euros. A la librería habanera la compra del doctor Castro Rus, avalada por Guevara –así reza en el libro de registros-le descuadro unas decenas de pesos. Apenas nada. Eso sí, tal vez los negociadores españoles deberían tener presente ese humilde precedente que hay comportamientos que se despiertan en la juventud y se agudizan con la edad. La honradez se demuestra en los pequeños detalles. Conviene pensarse dos veces a quien le prestas un libro.

     

     

     

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