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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 11
    Octubre
    2017

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    SOCIEDAD Oviedo

    11-O... ¿el día después de nada?

    Ayer Puigdemont, arropado por la élite de la intelectualidad del convulso movimiento que está poniendo al Estado patas arriba, llevó el procés hacia una zona de inconcreción y ambigüedad, cerca, muy cerca, del abismo, lo cual les pareció poco a sus más radicales compañeros, que sostenían tener prometido el salto.

     Ya muchos habían vaticinado este movimiento de frenada in extremis de la facción menos radical del independentismo, pero sin embargo casi todos parecían asombrados al final de su discurso, tildándole unos de cobarde, otros de maniobrero y otros, de estratega, según gustos y afinidades. Igual todo fue una pantomima, el primer acto al que seguirá el segundo, último y definitivo. O igual no; pero, en cualquier caso, este cronista ocasional, destacado en un sillón de su casa y asomado a la televisión, vio a Puigdemont, más como un zorro agazapado que como un conejo asustado, sin pretender con la metáfora sustraer ni un ápice de condición humana al “molt honorable senyor president”.

    Desde luego, Puigdemont ayer complicó las cosas a Rajoy, por centrar el asunto en las cabezas más visibles del enfrentamiento: escondió el balón junto al banderín de córner, buscando la patada, sabiendo que miles de gargantas gritarán falta y pedirán tarjeta roja. En la grada, el público está dividido entre quienes claman por entrar con energía a la disputa del balón, como dicen que permite el Reglamento, o quienes defienden que hay que dejar también jugar al tiempo, viendo como el rival se cuece en su propia estrategia, con el fuego avivado por sus socios extremistas.

    Complicado partido el que se está disputando en este octubre amable, que nos regala una luz que hace lucir hermoso el campo, aunque a muchos no nos da para entender el juego... El cronista, preocupado por el ambiente de la grada, sólo acierta a sostener una fidelidad y un formular deseo: su equipo es el que juega con la camiseta con los escudos de la ley y de la democracia; y este partido hay que terminarlo, y ganarlo, sin mancharla...

     

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