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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 04
    Febrero
    2012

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    Abolidas la caza, la pesca deportiva y las corridas

     

    Pues va a resultar que este gobierno demediado del Principado de Asturias ha demostrado, en uno de sus últimos decretos, ser un ejecutivo de cuerpo entero. Y que la Iglesia, que lleva tantos años mareando las mismas perdices, ha desempolvado, al fin, el cayado de pastorear el rebaño descarriado.
    Ambas instituciones, que suman los poderes del cielo y de la tierra, han acabado de una vez con ese desvarío de la voluntad humana: el Gobierno ha prohibido por decreto la caza, la pesca deportiva, las corridas de toros y toda actividad en la que se cause daño, lesión o menoscabo a animales con fines lúdicos o deportivos, bajo pena severísima de cárcel y grande incautación de patrimonios. La Iglesia se ha limitado a matizar el quinto mandamiento: “No matarás a un semejante, ni dañarás a otro ser vivo, salvo que de ello dependa tu subsistencia, la de tu familia o la de tu pueblo”.
    Este cronista ocasional, que a veces sostiene estar de vuelta ya de tantas cosas, no da crédito a lo que ve impreso en la pantalla de uno de esos inventos de este tiempo que te permiten llevarte al mundo de paseo. Me imagino al presidente de un gobierno en la bandeja de salida, firmando un decreto que prohíbe hacer lo que él ha hecho tanto y tantas veces; y el guirigay que le montarán los que tienen el ocio o el negocio bañado por la sangre de los pobres animales, ubicados en tantos sectores diferentes, y con tantas formas de meter el dedo en el ojo a quien gobierna.
    Pero lo aplaudo, sin ningún tipo de duda o prevención. Siempre he creído que en este mundo, a veces infierno, a veces paraíso, había un gran pecado, un pecado mortal: causar violencia gratuita a otro ser vivo. Lo demás, faltas, pecadillos, y muchas milongas matizables. Si supiésemos corregir en el niño esa primera pulsión a matar, dañar o simplemente incomodar a cualquier ser que tenga vida, sin motivo, o con motivo erróneo, tendría la humanidad adelantado mucho en el camino de convertir al mundo en paraíso.
    De repente, un ruido cercano despierta el oído, y una luz mañanera, que se cuela en el cuarto, llama a las puertas de los párpados, que se abren perezosos. La consciencia y la memoria llegan juntas para reírse de la fantasía soñada. Al lado, medio tapado por la sábana, el ipad tiene abiertas dos páginas, que fueron la última lectura antes del sueño: en una se comenta que el gobierno quiere regular la caza en las reservas, y en la otra, que ya son 60 los individuos denunciados y condenados por cazar con lazos ilegales. 

     

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