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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 29
    Mayo
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    Ada Colau, libertad, decoro y democracia

    Sostiene Ada -luminosa mirada y hermosa sonrisa, después de haber ganado una difícil partida, sin ases en la manga, ante tahúres con camisas de puños largos y doblados, sujetos con gemelos de oro y de brillantes...- que, respecto a lo de pitar al Himno Nacional en la final de la Copa del Rey, debe primar ante todo la libertad de expresión de la ciudadanía. O sea, que el que quiera pitar, que pite...

    No es la primera vez que con el manto de la sagrada libertad del pueblo se intentan cubrir las miserias de algunos pueblerinos... Ni que con el de la sagrada unidad de la nación, se tapan opresiones y vilezas de algunos salvapatrias... La vida viene a ser como un bucle apasionante que va perdiendo sus curvas si se le cuelgan demasiadas cosas sagradas, pues su peso convierte su trazado en lineal y previsible...

    La expresión debe ser libre, sí, pero, antes decorosa. Una nación (o un ciudadano) debe poder expresarse con libertad; pero la expresión, para que pueda ser escuchada con respeto y consideración por parte de las demás naciones (o los demás ciudadanos) debe ser emitida al abrigo de unos códigos que en tantos años de civilización y de progreso, nos hemos ido dando en esta parte civilizada del mundo que habitamos...

    El exceso, la rechifla, el pitorreo tienen que ver con la ladera más escabrosa de la libertad, con la que difícilmente conduce a cumbre alguna. Y cuando la burla se extiende a los símbolos de una nación, inevitablemente se resbala, y se cae, por el desfiladero del agravio a un pueblo, ofreciendo, a los ojos de los demás países, un espectáculo que produce sensaciones bipolares: unos compadecerán a los burlados y criticarán a los burladores; y otros, se reirán de todos ellos. Esas prácticas solo complacen a quienes alimentan su discurso (su silbido) de negatividad improductiva, de yerma inoperancia, de mofa patética...

    Para conservar en buen estado la sagrada libertad, hay que ejercerla con decoro. Un ejercicio obsceno y chabacano la prostituye y la deteriora. Todo lo que quieran expresar quienes piensen pitar al Himno y al Rey, ya está suficientemente expresado en sedes parlamentarias, tribunas, foros y medios de comunicación, por la tan numerosa como legítima representación social y política que tienen en España esas ideas. Lo que les toca hacer, dentro del decoro, en un acto deportivo como la final de la Copa del Rey, es ejercer un expresivo silencio, que resultará suficientemente elocuente, ante los símbolos que desean cambiar. Y al día siguiente seguir trabajando políticamente para conseguir sus fines (que serán los de muchos más ciudadanos de los que quieran pitar) con el debido respeto y consideración hacia quienes opinen justo lo contrario. Eso es ser demócrata; lo otro, es otra cosa...

     

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