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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 28
    Febrero
    2012

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    Ánimo Carlos

     

    Hoy yo también te quiero escribir en este billete volandero la palabra “Ánimo”. El pasado domingo te saludaron con ella dibujada en el pecho, en Miramar, tus compañeros del Marino y del Oviedo, y entre ellos tu hermano, tan tuyo y tan hermano, unos minutos antes de jugar el partido que a ti tanto te hubiese gustado haber jugado.
    Ya es la segunda vez que ves a compañeros en un campo enviarte ese mensaje solidario. Tan joven en la vida, y ya veterano en desdichas en el fútbol, esa pasión que, desde la tierna infancia, os comió la voluntad a ti y a tu hermano “repetido”, con el que, apenas aprendidos los primeros pasos, perseguías obsesivamente aquella primera pelota que aún ambos recordáis con toda nitidez.
    Pasaron veinte años desde entonces, veinte docenas de pelotas y balones, botas espinilleras, equipaciones, cientos de fotos, miles de ilusiones, de partidos y partidos, y goles, muchos goles, victorias y derrotas, euforias y tristezas, proyectos, promesas, esperanzas… y lesiones. 
    La primera vez que te rompiste la alegría, aún conservaste intacta la esperanza, aunque se fue marchitando poco a poco en el transcurrir torcido de los días, desde que saliste de aquel quirófano lejano. Hasta dos años sin jugar, en un proceso cíclico, cansino y deprimente de progresos y parones. Pero no flaqueaste en tu propósito y volviste a jugar, previo paso, otra vez, por el quirófano. Al final pudimos volver a verte mirar al cielo y bajar el balón con extraña parsimonia, y fintar y correr, y pasar, recibir y rematar. Otra vez los goles y las risas, la alegre complicidad de compañeros, la felicidad brillando en tu mirada y a tu lado, corriendo tan feliz como tú, tocando tu cabeza sonriente, esa cara repetida tan cercana.
    Habías pasado el Rubicón, pensabas, estabas ya del otro lado, te quedaba el futuro por correr. Y empezaste el futuro tan contento, tan lleno de ilusión, tan confiado, tan a gusto, que tu destino ingrato no pudo soportar tanta bonanza; te prefiere, se conoce, en aguas de tormenta y de borrasca. Otra lesión terrible, otro día 21, maldito 21, otro cruzado se cruzó en tu camino y te rompió, otra vez, de cuajo, la alegría. Pero volviste a levantarte, y entraste nuevamente en un quirófano para arreglar lo que te estropeó la suerte amarga, que tanto y tan despiadadamente te persigue. Otra rehabilitación, otro calvario, aunque mucho más corto que el anterior, otro lapsus de espera, y tras seis meses de trabajar en clínica y gimansio, en casa y en el cine, en cualquier parte, siempre estirando, ejercicio, hielo, masaje, método, fe y confianza en llegar, llegaste al fin, y volviste a entrenar con el equipo y a sentirte otra vez, de nuevo, futbolista.
    Pero no estaba escrito el fin de tu diario caminar con la zozobra. En el Reconocimiento Médico para tramitar la ficha, algo que parecía solamente un trámite, te dicen que en tu libro no hay más páginas de fútbol, que la lesión aquella, la de hace más de tres años, no está convenientemente superada, que existe riesgo de que vuelva a romper la dichosa plastia, y de que, después, aparezca la artrosis, y todas esas cosas que dice un médico cuando se instala en el lado oscuro del mirador desde el que se observa venir al tiempo. Justo en el lado opuesto desde el que se pusieron otros, que te dijeron justo lo contrario…
    Ánimo Carlos. Mucho ánimo para que consigas entender este mundo de dos caras, que en un sitio pone blanco y en el otro, negro; que en un lugar dice sí y en el otro, dice no. En realidad es en este espacio de duda donde tenemos que vivir la vida los humanos; y a ti te toca ahora, tan joven, comprobarlo. Asúmelo y prepara tu futuro, que ya lo tienes encima, que no te gane la espalda. Piensa que si tienen razón los pesimistas, te han hecho un favor al impedirte seguir corriendo riesgos; y si no la tienen, y son otras las razones de su veto, en cualquier caso te han teñido de duda la esperanza, y en las dobleces de la duda se acantona el miedo, y por sus esquinas se escapa siempre la confianza. Y no se puede disfrutar de una pasión con miedo y sin confianza.
    Mi consejo es que emprendas otro camino, un camino donde haya más luz, menos patadas y menos zancadillas. Tienes talento y voluntad para intentarlo; y el ánimo de muchos, ya lo has visto…

     

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