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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 28
    Enero
    2016

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    SOCIEDAD Oviedo

    Bailando con corruptos

    La corrupción política viene a ser como una especie de detritus seboso, denso y mal oliente que se genera con el ejercicio del poder y se va almacenando en las cloacas de la sociedad, en el inframundo, allí donde no llega la mirada del pueblo...

    Tentar, o presionar, a quien decide; y dejarse tentar, o presionar, por quien tiene recursos para hacerlo, forma parte de la naturaleza humana. Y como desde que el mundo es mundo, en el poder y en todos sus entornos, siempre se han sentado seres humanos, con sus virtudes y con sus debilidades, siempre ha habido corrupción; y en algunas épocas posiblemente más que ahora... Lo que sucede en los últimos tiempos es que esas secreciones pringosas y asquerosas que se producen cuando quien decide sobre el común lo hace en interés propio, esa podredumbre de la condición humana, esa prostitución del liderazgo, que debería filtrarse al subsuelo y permanecer oculta, pues resulta que está saliendo, un día sí y otro también, a la superficie y ya no hay dios que aguante el hedor de tanta mierda...

    No hay país que acepte vivir en la inmundicia tanto tiempo. Ni aunque los fabricantes de la misma, desde sus cargos oficiales, digan que no es para tanto, que en otros lugares hay más y que aún huele peor... No hay país que soporte ese descaro de negar todo hasta más allá de la evidencia, esa desfachatez de seguir sosteniendo la mirada al ciudadano, aduciendo razones que ofenden su inteligencia. Cierto que este pueblo encaja la corrupción mejor que otros, no en vano lleva siglos coqueteando con la recomendación y la picardía, viviendo muy cerca de la trampa y el fraude a pequeña escala y mirando con indulgencia a los ladrones buenos, pero todo tiene un límite y este país ya no puede aceptar seguir siendo gobernado por quienes han estado en todas las fotos con los adalides de la iniquidad, muchos de ellos investigados, algunos ya condenados, por la Justicia; ni ser presidido por quien, habiendo dado ánimos a tantos luises y declarado su amor a tantos alfonsos, es todavía capaz de retorcer la realidad más inmediata sosteniendo que su rita es una santa, mientras sonríe con gesto casi fatuo proponiéndose para liderar el futuro.

    Lo cierto es que España fue llamada a un sufragio torticero, en el que la ciudadanía hubo de elegir entre unas siglas salpicadas de sospechas y otras, cargadas de demasiadas incertidumbres... Por eso salió lo que salió. Un arco parlamentario absolutamente incapaz de tensar ninguna cuerda que soporte la acción de gobierno. Felipe González, que llevó durante mucho tiempo la antorcha de presidente y líder carismático, y participó en la construcción y afianzamiento del Estado que a todos nos acoge, un gobernante que miró de frente al sol, y también hubo de bajar la vista al inframundo, insiste, desde la relativa independencia que da un generoso sumatorio en edad, experiencia y conocimiento, en que es obligación de los parlamentarios elegidos, y sobremanera de sus líderes, formar, y dejar formar, un gobierno reformista.

    Este humilde cronista ocasional no añadirá ni una coma a tan sabia sentencia. Tendrá razón seguramente el preclaro ex presidente... Pero, al ponerle caras a la idea, no la acabo de ver; como que se me difumina... Es que construir un gobierno reformista para España, en este momento, debería ser cosa de tres: Rajoy, Sánchez y Rivera; y sinceramente no entiendo cómo se puede esperar que, con lo que ha llovido, con lo que aún llueve y con lo que seguramente lloverá en temas de corrupción, los dos últimos se quieran hacer la foto con un hombre al que pillaron tantas veces bailando con corruptos.

    Sinceramente creo que ese partido que consiguió más de siete millones de votos merecía otra cara en el cartel... Tal vez con otra cara no tuviera Felipe que decir lo que dice ahora.

     

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