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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 18
    Agosto
    2013

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    Botellón

     El verano surte en los humanos una especie de catarsis: sacamos al sol la piel, en busca del hermoso bronceado, y los prejuicios, para confrontar con el vecino mayormente.

    El botellón es uno de tantos lugares comunes objeto de discusión y polémica: unos que sí y otros que no. Como las gamberradas que hacen en las plazas de los pueblos los bestias con las bestias, y las que hacen en los cosos de las ciudades los maestros vestidos de luces: unos, que cultura y tradición; y otros, que barbarie y escarnio…

    Al botellón se llega por caminos en los que hay indicadores de fiesta y diversión, pero lo que se encuentra al final es borrachera y vomitona; y vandalismo y destrucción en muchos casos. El alcohol, a dosis moderadas y con certificación de origen, no hace desde luego ningún  bien a los adultos, pero forma parte de ritos y costumbres muy arraigados en todas las sociedades, y es algo con lo  que hay que convivir, aunque con tiento, precaución y mesura. Pero asistir impasibles al consumo sistemático, súper abusivo y público de alcohol de dudoso origen y alta graduación por parte de adolescentes casi niños, es uno de los indicadores de peor pronóstico de salud en una sociedad. Y, por lo que se ve, la salud de la nuestra es muy, muy precaria; el diagnóstico es evidente y el pronóstico es malo, malo…

    Alicia nunca estuvo aquí. Esto no es Yupilandia. Vivimos entre gentes de Dios y gentes sin dioses, entre personas que dan su vida por salvar la del prójimo y fulanos que se la quitarían por un puñado de euros; entre hombres cabales y hombres desquiciados; entre mujeres que viven para sus hijos y mujeres que los tiran a la basura al nacer… y por encima de todos está la Ley.

    No será este cronista ocasional, en este billete de mitad de ferragosto, quien juzgue casos concretos. No acostumbra… Pero sí quiere señalar que no todo el mundo tiene que poder hacer lo que le dé la gana, que eso no es ni libertad ni camino de progreso, sino al contrario…, y que la ley hay que cumplirla, y que para eso están los guardias, que deben identificar y denunciar a los transgresores. No hacen falta tantas porras ni tantas pelotas de goma, eso trae mucho alboroto y poca eficacia; además a los que transgreden e incumplen las normas, les duelen más cien euros que un garrotazo y la multa no provoca lesiones imprevistas.

     

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