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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 01
    Julio
    2013

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    Brasil y el gesto

     Ayer España, que tanto gusta de la canción de gesta, trasnochó para entonar, una vez más, las músicas del triunfo... pero el gesto del rival, desde el comienzo, pintó nuestro sueño del color de lo imposible y fue apagando poco a poco el eco de los cantos. El gesto de Brasil barrió a La Roja del césped de Maracaná y le señaló su sitio, mucho más alejado del trono de lo que ellos y nosotros habíamos pensado.

    Ciertamente todo empezó al principio, aunque muchos no lo hayamos visto hasta el final, después de la debacle...

    Empezó con los himnos: los de rojo escucharon el suyo, como siempre, con Sergio mirando el cielo, traspuesto de visiones, y los demás entre serios, impasibles e impacientes, esperando que acabara una música oída muchas veces; los de amarillo, masticaron cada una de las palabras con que gritaron al mundo su determinación de vencer y las sellaron con el fulgor de sus miradas cómplices, unidas por la pasión y juramentadas en la furia. La pasión era tanta, tanta, que desbordó la formación en línea de los once gladiadores que clamaban victoria, llegó hasta el cuerpo técnico, reservas y auxiliares, y se extendió como fuego valyrio por las gradas, convirtiendo a la multitud en prolongación de la vanguardia en el ataque y refuerzo de la retaguardia en la defensa.

    Fue un espectáculo hermoso. Si nos podemos escapar de la frustración de la derrota, podremos recrearnos en la bellísima música de una samba de entrega y poderío, de calidad y garra, de velocidad y contundencia, cantada con el cálido acento brasileiro.

    Es lo que tiene el deporte: no hay sangre en la contienda y después de la batalla se puede felicitar de corazón a los rivales.

    Y es lo que tiene la vida, que siempre guarda misterios insondables que se escapan al conocimiento humano: al lado de un gentío que protesta, sobrado de determinación y de razones, contra la sustitución de la realidad por la quimera, hay otro gentío, hermano, que se entrega, ebrio de pasión, orgullo y esperanza, al rito que propone la quimera

     

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