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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 22
    Junio
    2012

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    Casa de pobre

     

    Mi abuela María, cuya visita recibo frecuentemente en el recuerdo, vivió en un mundo antiguo que yo no entendía y ella me explicaba, sentada en su silla baja en una esquina de la gran cocina, con sentencias breves que convertían lo complejo en mágico y lo difícil en sencillo. Solía decir que en casa pobre entran agobios y salen lamentos….
    España, pobre de solemnidad por manirrota, según sostienen sus vecinos, que la acusan también de trapacera, por lo que le mandan a propios a recontar sus cuentas, veía ayer entrar en su casa dos nuevas que parecían de otro tiempo, por cuanto alegraban el alma a casi todos su moradores. Eran buenas nuevas, no de agobios y de anuncios de desastres, como las que venían siendo habituales desde que el edificio empezó a amenazar ruina. Éstas eran buenas, dos buenas noticias. La primera, que dos auditorías, externas y extranjeras, estimaron la necesidad de capital para los bancos españoles, en las peores condiciones de mercado posibles, entre 50 y 60 mil millones de euros, en números redondos, por lo que había más que suficiente con la línea de crédito concedida en el famoso rescate.  La segunda, que el gran Dívar, magistrado entre magistrados, presidente de presidentes, patricio entre patricios, pata negra de toda negritud de las élites de más rancio abolengo del reino, incombustible al clamor popular y enrocado en su condición de ser superior e inexpugnable, había descendido de su Olimpo, se sintió mortal por un minuto, y dimitió al fin.
    Pero estas nuevas vienen envueltas en un papel de color muy parecido al del agobio, por lo que mucho me temo que los gritos de júbilo se vayan trocando en tristes lamentos. Resulta que no están individualizadas las necesidades de los bancos y que esta pormenorización, imprescindible para los crueles inversores, aún llevará un tiempo y entre pitos y flautas el gobierno lo fía hasta setiembre, con lo cual los mercados vuelven a castigar la economía española y la fatídica prima de riesgo vuelve a caminar por el peldaño de los 500 puntos básicos.
    Respecto al asunto Dívar, da repelús pensar que probablemente dos de las razones de la impasibilidad del Presidente del CGPJ, ante las acusaciones de una práctica habitual y sostenida a lo largo del tiempo de pagar gastos privados con dinero público, bien pudieran ser la promesa de apoyo del gobierno, a pesar de la evidencia de las irregularidades denunciadas, y la realidad aceptada de que en este país muchos de los que están en puestos en los que pueden, hacen lo mismo; y lo mismo hicieron muchos de los que estuvieron y pudieron.
    En casa  pobre…
      

     

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