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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 23
    Septiembre
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    Cataluña, palabras, palabras...

    Hace mucho que tengo claro que las palabras ( las razones) sirven de poco (o de nada) cuando el debate está encendido y los paladines de cada causa argumentan con pasión y vehemencia, asaltando, si les dejan, el turno del contrario, sin ninguna voluntad de escucharle ni entenderle, presos todos de una urgencia extrema por colocar a la audiencia su prédica entera y sin fisuras. Quienes los escuchan, en gran parte, suelen tener partido tomado ya de antiguo y permanecen fieles a su idea, con las orejas cerradas a todo lo que dice "el enemigo"...
    El debate de los nacionalistas catalanes que están por proclamar unilateralmente la independencia, contra los nacionalistas españoles, el Gobierno de España, los representantes de la Unión Europea, los expertos constitucionalistas, las voces del poder financiero nacional e internacional, las organizaciones empresariales y sindicales y un largo etcétera, que encuentran esa idea innecesaria, disparatada y muy perjudicial para las dos partes implicadas, no va a servir para mover muchas voluntades, en opinión de este modesto observador del mundo...
    Servirá, en todo caso, de interesante pasatiempo si quien lo escucha se aparta un trecho de la refriega y aleja de su ánimo la idea de que unos son los buenos y otros, los malos...
    Entonces el debate sirve, por ejemplo, para observar que los paladines de ambas causas parece que han cambiado sus estrategias en esta parte del combate. Antes eran los independentistas catalanes quienes atacaban con munición pesada para asustar a España, organizando manifestaciones multitudinarias en las que se apoyaban sus tesis y se gritaban sus consignas. Ahora son los partidarios de la unión de España quienes pasan al ataque, exhibiendo a líderes mundiales en los ámbitos de la política, la diplomacia y las finanzas que emiten opiniones muy cercanas a las suyas... Pero dentro de esta permuta en los roles ataque-defensa, el cronista ocasional que rellena este billete, despegado a posta del barro y la sangre del combate, dicho sea afortunadamente en sentido figurado, observa un hecho curioso donde los haya: los españolistas de la integración callaban, más bien, cuando los otros exhibían su poder de convocatoria de masas, y sin embargo los catalanistas de la diáspora contraatacan siempre cuando aquellos muestran los apoyos a su causa; en eso se les ve un punto más de pasión, no sé si también de desenfreno....
    Lo que pasa es que la pasión, en política, termina por contaminar los argumentos, los cubre con una pátina de inconsistencia muy parecida al absurdo... Ahora cuando los que abominan de la espantada señalan, a los que la promueven, que salir de España supone perder la nacionalidad española, estos notas en vez de decir "y a mucha honra", como parecería lógico escuchar de quien ha montado semejante pollo para irse, construyen un discurso con una linea de argumentación ciertamente novedosa, sosteniendo que quieren seguir teniendo la nacionalidad española, pues tienen derecho a conservarla según dice la Constitución Española..., a la cual, por cierto, llevan todo el proceso ignorando y transgrediendo de forma más que palmaria...
    En fin, hablar por hablar... A eso se reduce la política en estos tiempos del cólera de la trampa y la corrupción. La mayoría de la gente que va a esas manis quiere irse, llevándose lo que pueda, porque creen que vivirán mejor solos que acompañados de aragoneses, castellanos, andaluces y demás peña; y muchos de los que los abanderan tienen, a mayores, oscuras razones para echar un telón sobe esos incómodos asuntos de ciertos porcentajes y otras basurillas... No muchas menos, en cualquier caso, que quienes los combaten en las primeras filas del otro bando, que también tienen tanto y tanto que callar... Al final tienen entre todos a la patria dividida y obcecada en sus discursos llenos de palabras, palabras y palabras...
    España atesora el desencanto de muchos hombres y mujeres, catalanes y no catalanes, y estas personas (muchas, demasiadas...) no encuentran, por más que buscan, una razón para la esperanza. Me viene a la cabeza algo que alguien escribió al respecto: decía que, en casos extremos, solamente en la decencia se podría encontrar un reducto de esperanza. Mucho me temo que también pueda ser cierto que, ante la falta de esperanza, muchos (demasiados) se olvidan de la decencia...

     

     

     

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