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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 12
    Diciembre
    2012

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    Código Jacintha

     

    Esta sociedad globalizada, y sin embargo cada vez más enrocada en las propias mezquindades del lugar, está cambiando los códigos de la información que genera de forma irreversible. Hemos llegado a una situación en la cual la realidad se tergiversa de la manera que convenga a los medios que la cuentan… Nos estamos cargando la forma de comunicarnos y entendernos de forma inteligente.
    En Inglaterra una enfermera de procedencia hindú, de 46 años, casada y madre de dos hijos adolescentes, con residencia estable y familia estructurada, sin problemas conocidos de vecindad y posición económica desahogada, se ha suicidado, parece que a consecuencia de la angustia por haber cometido un error en el trabajo: atendió una llamada telefónica en la cínica y la pasó a la planta que se le solicitaba, donde otra enfermera facilitó información a los que preguntaban sobre una paciente internada para control de un embarazo reciente. Pero resultó ser que la llamada era fraudulenta, una broma de unos periodistas que hacen esos programas que tanto gustan a la gente, dadas sus audiencias, en los que exhiben un indiscutible talento de imitadores y una absoluta desinhibición de todo tipo de convencionalismos sociales. Y resultó también que los bromistas se hicieron pasar por la reina de Inglaterra y su hijo, y preguntaban por su nuera y cuñada respectivamente.   
    Esa es la noticia y en torno a ella ha comenzado la explotación del morbo que produce matar por hacer gracia, y la opinión pública condena, sin remilgos, a unos periodistas que han hecho... lo que hacen a diario miles de colegas en miles de programas parecidos. Llueven los pésames, condolencias, reproches, campañas mediáticas, petición de sanciones... ¡Culebrón servido!.
    ¿Nadie cuestiona que una enfermera se suicide por un motivo de tan poco fundamento? ¿Nadie se plantea que deben necesariamente concurrir importantísimas circunstancias coadyuvantes o desencadenantes de tan fatal desenlace, sobre las que se está pasando de puntillas?
    La condición de inmigrante, la presión mediática y social originada; la carga de trabajo, las condiciones contractuales, las relaciones laborales e inter personales entre los empleados de esa clínica tan selectiva; el estado psicológico de la suicida y la concurrencia de otras posibles patologías; las previsibles quejas de altísimas instancias a la alta dirección de la clínica, la depuración de responsabilidades, propuesta de sanciones, inculpaciones, etc., se orillan o silencian, y se dirige la atención hacia el linchamiento de unos pobres periodistas, que cargan con una cruz que no es suya, y que en una gradación lógica de responsabilidades en la desgracia ocuparían un lugar bastante alejado del primero.
     A este cronista ocasional, corresponsal de nadie, nunca le han gustado esos programas de bromas telefónicas, casi siempre con sal más gorda que salada, y si estuviera en su mano los prohibiría… en cuanto dejaran de tener tanta audiencia. Lo que sí prohibiría, desde ya mismo, es disparar contra el pianista; y retorcer lo que pasa para contar lo que interesa.

     

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