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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 26
    Abril
    2013

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    Cristina y Aníbal

     La tormentosa actualidad nos muestra hoy dos instantáneas de dos personas sumidas en el desconcierto y en el enojo de los justos agraviados. No entienden lo que se les demanda. No comprenden qué es lo que se espera de ellas. Están confusas, y tristes, y enfadadas...

    Una es la Infanta Cristina, que se niega a presentar al juez instructor del famoso caso NOOS sus declaraciones al fisco. Alega, la mujer, que eso pertenece a su intimidad y no se le puede pedir bajo ningún concepto. Va a ser que le da pudor... o más bien, vergüenza.

    La otra (persona) es Aníbal, el increpado alcalde de la hermosa villa de Mieres. Resulta que la cruel oposición le afea el hecho de haber cargado a las quebrantadas cuentas del Ayuntamiento, los gastos personales (desplazamientos, hoteles, comidas y bebidas, ya se sabe...) del propio alcalde y de unos cuantos ediles, compañeros de cuerda, que viajaron a solidarizarse con los mineros en sus protestas en varias capitales españolas. Sus oponentes dicen que pasar esos gastos como “de representación” es una inmoralidad, que su solidaridad con la causa de los mineros la tiene que afrontar él a título personal, y no cargarla a los mierenses, pues muchos de ellos también fueron y soportaron sus propios gastos, teniendo una situación mucho más apurada que el alcalde y sus leales. Aníbal, el hombre, cree haber obrado correctamente y sostiene que siempre que viaja el alcalde debe pagar el ayuntamiento.

    Es lo que tienen algunas instantáneas: recogen dos momentos, solo dos apuntes de una realidad infinitamente más compleja y plural, sí, pero merece la pena detenerse a contemplarlas... Lo tremendo que le pasa a esta España es que muchos que deciden, no saben distinguir, o sostienen no saber. Cristina parece no distinguir entre privacidad y ocultación; entre fuero y acatamiento. Y Aníbal parece confundir la VISA del alcalde con la chequera de otros tiempos.

     

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