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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 26
    Octubre
    2017

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    SOCIEDAD Oviedo

    Cuenta atrás en el procés

    Parece que el tiempo, al final, va a atropellar la esperanza de una salida razonable y no traumática del procés. Ayer Puigdemont iba a acudir al Parlamento español a explicar sus argumentos contra la aplicación del famoso artículo 155 en la autonomía catalana y muchos querían ver en ello una pequeña posibilidad de rebajar la tensión de la situación. Hoy, sabemos que no acudirá porque dice que es una pérdida de tiempo... Independientemente de que un dirigente que se expresa de esta forma está mostrando su escasa estatura política, es ciero que seguramente no iba a mover a ningún senador de la postura que ya tiene tomada...

     Verdaderamente las cartas están repartidas y los jugadores, ya servidos, buscan el valor para efectuar sus apuestas... Les va en ello su futuro político; y a España entera, el presente... Veremos qué apuestan: Rajoy tiene las cartas con el sello de la legalidad vigente y el apoyo nacional e internacional; Puigdemont utiliza cartas no homologadas, pero parece haber más un millón de personas dispuestas a apoyar esa jugada.

    El procés, pues, sigue teniendo dos lecturas bien diferenciadas: una, política, muy clara, que traduce el intento de una minoría extremada de imponer un proyecto muy contestado en Cataluña, y frontal y absolutamente rechazado en España, en Europa y  en la Comunidad internacional; y otra, social, mucho más incierta dado el apoyo ciudadano que los independentistas han sabido concitar en torno a su disparate político.

    El cronista se pregunta en qué situación estaríamos hoy si hace un año, o dos, el sector constitucionalista, absolutamente mayoritario en los ámbitos políticos, institucionales y sociales del Estado, hubiera trasladado a la ciudadanía la opinión clara de las Instituciones europeas,  defendido la aplicación de la ley y movilizado a organizaciones políticas, sociales, sindicales, profesionales y empresariales, a intelectuales, artistas, deportistas, etc., para defender la unidad de España, explicar el disparate de su fragmentación y afear el tufo insolidario del proyecto separatista.

    Desde luego la lectura social del procés no era entonces tan inquietante, y se habrían podido matizar y desmontar muchos de los argumentos de los hoy partidarios de la declaración de independencia, evitando así la fractura en la sociedad catalana y el creciente desapego en España hacia lo catalán. Ambos extremos constituyen un grave peligro hoy, que hubiera podido evitarse ayer...     

     

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