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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 12
    Noviembre
    2014

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    Decencia, docencia y ausencias

    La decencia viene a ser una calidad de la conciencia y una cualidad del comportamiento que se ve, o se intuye, en las personas. La docencia es una capacidad de exposición del conocimiento propio, que unos tienen en mucha mayor medida que otros.
    Los políticos deberían ser elegidos entre personas sobresalientes en esas calidades, cualidades y capacidades; sobresalientes y, a ser posible, probadas. Y la política debería ser un ejercicio que se caracterizase por la abundancia de todas ellas, y no por sus ausencias, como ahora gritan, a los cuatro vientos de este país, cientos de casos de corrupción que afloran a la actualidad más vergonzante de la historia de la democracia española; y otros miles más, que la razón nos susurra que deben estar ocultos por mor del trampeo y la fortuna, y cualquier día la prensa hará aflorar.
    De la ausencia de decencia ya se han escrito muchas líneas y páginas. Hoy, en este billete, quiere el cronista ocasional que lo pergeña hablar de docencia. El gobierno de España -un gobierno al que le ha tocado pilotar la administración del Estado en esta tempestad que amenaza con llevarse sus anclajes- no ha sabido, o no ha querido, impartir docencia sobre sus tesis entre la ciudadanía, a pesar de que sus oponentes trabajaron arduamente en la pizarra explicando las suyas, durante años y con un enorme acelerón en los últimos meses. El resultado es lo que hay... Me refiero evidentemente al asunto catalán.
    Ahora, ese gobierno que renunció a la docencia (lo cual viene a significar que ni él, ni el partido que lo soporta, hicieron política de altura) ha salido derrotado por un gobierno autonómico, con menos medios y seguramente con menos razones de peso, pero indudablemente con muchísimo más y mejor trabajo político.
    Ahora, ese gobierno presidido por un hombre que siempre ha vivido bajo la sospecha de indolencia, a la sombra de una supuesta inteligencia táctica, se ha quedado con los pelos al sol de un fracaso político sin precedentes en la historia del mundo civilizado. Le han pintado la cara una veintena escasa de políticos catalanes, la mitad de los cuales están tiznados de sospecha por vecindades añejas a círculos corruptos de toda corrupción, le han montado un referéndum ilegal, patético, chabacano, organizado sobre la marcha, en sus narices, ante el estupor de Europa, y exhiben las credenciales de dos millones de votos, contados por ellos.
    Y ahora este gobierno calla, y su presidente anda en sus ausencias, y manda a los fiscales a ver qué pueden hacer en el asunto...
     

     

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