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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 13
    Agosto
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    Del doble crimen de Cuenca

    La antigua ciudad, de casas colgantes que miran al barranco sin vértigo ni jactancia, siempre ha colgado, a su vez, de un centro que ignora al sur, o de un sur que mira al centro; y ha sido, un poco, capital de un territorio de paso hacia el mar de oriente, destino de media España; y frontera de regiones, cruce de caminos, discreto y acogedor lugar de paradas breves...
    Cuenca se duele hoy por el golpe brutal a la vida, al progreso, a la esperanza, que alguien ha dado en las personas de dos chicas jóvenes, hermosas, dicen que divertidas, alegres y confiadas. Alguien las mató, quizás, porque estorbaban en un mundo que entendía como propio; porque incomodaban su reinado de poder basado en derechos que nadie le otorgó; porque una era suya y la otra se interpuso entre él y ella...
    Hoy hay en Cuenca dos cadáveres, y dos familias rotas por la rabia y el dolor, y una sociedad que se cubre con ceniza, como tantas veces antes, y como tantas veces tendrá que hacer en el futuro. Una sociedad, exactamente igual que la de acá o la de más allá, que no aprende a vivir en la concordia, el respeto y la decencia. Una sociedad que mira siempre hacia otro lado, que no interpreta las señales porque no quiere pararse en lo pequeño. Una sociedad que condena a bote pronto y olvida a velocidad de vértigo. Una sociedad en la que exigimos justicia pero no guardamos memoria, ni corregimos hábitos, ni prevenimos situaciones, ni advertimos comportamientos y actitudes. Una sociedad que no reflexiona, en la que el eterno "vale, no pasa nada" resume la postura ante la vida de demasiados jóvenes y no tan jóvenes...
    Si el asesino fue el que señalan los indicios, ya apuntaba maneras; ya había, al parecer, ejercido violencia contra alguna novia anterior y había sido condenado por ello... Y una cosa es la pena a cumplir por un delito, que la marca el Derecho y la Justicia; y otra, la memoria de la gente de a pie y la selección de compañías, que suele poner tierra de por medio con algunos tipos de desgracias... Una convivencia sana no debe basarse solo en la aplicación del Código Civil, sino en la observancia, a titulo particular, de elementales medidas de prevención. La libertad consiste precisamente en poder elegir y rechazar. No a la violencia, cualquier violencia, y a sus iconos, cualquier icono. No todo vale y pasa demasiado...
    Que descansen en paz las víctimas y que encuentren sosiego y justicia sus deudos. Y que los que aún vivimos, tengamos presentes las señales, que sepamos separar lo bueno de lo malo, la generosidad del egoísmo, la inteligencia de la estupidez, la amabilidad de la violencia. Y que sepamos elegir las compañías, que hagamos, entre todos, de nuestra tierra, un territorio apetecible para los buenos y nada cómodo para los malos. Está en nuestras manos, al menos en parte...

     

     

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