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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 19
    Abril
    2014

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    Diatriba de pena por la muerte de Gabo

     

    Ya sabe el mundo que Gabo nos ha dejado solos, y que esta soledad durará mucho más de 100 años, porque al Patriarca bueno y entrañable de las letras hispanas se le acabó el otoño en que vivía... Ya estaba anunciada en los tablones de Macondo la crónica de esa muerte, tan sentida, y el mundo esperaba ya la mala hora desde que los vapores que subían el rio empezaron a traer rumores de que el viejo y querido coronel, que tan bien ordenaba las palabras, y al que tantos y tantos escribían, tenía el corazón cansado, seguramente de tanto y tanto amar, y andar amando a tantos, en tiempos de cólera y bonanza, amando a hombres y a mujeres, a ángeles y a demonios, amando a todo dios, amando tanto que fue, a su vez, por Dios, correspondido con tres dones para vivir la vida: talento para saber soñarla y alquilarla, la bendita manía de querer vivir para contarla, y unos ojos de perro azul con los que mirarla de frente y sonriendo. Y por si fueran poco esos tres dones, también le concedió el buen Dios la gracia de poder sentirse feliz en cualquier parte, sin necesidad de papeles ni visados…
    Macondo se ha declarado ciudad en luto sempiterno. Ha cerrado sus casas y sus calles, por las que solo transita la hojarasca, y mandado vestir a sus vecinos de negro riguroso. Todos los trabajos de las gentes que pueblan esas tierras, colgadas de la magia de unas letras escritas por un genio, serán ahora para preparar los funerales del Papá más grande que cualquier pueblo haya tenido en la historia del mundo conocido o ensoñado.
    Se llamaba Gabriel García Márquez y acaba de naufragar en la otra orilla del lago de la vida. No ha querido hacer esperar más a su ángel y ha acudido a su cita, vestido de blanco, con la piel morena de sol y de caricias de brisas caribeñas. Sus amigos le llamaron siempre Gabo, porque nunca se dejó llamar maestro… Y todos sus lectores son amigos, porque uno se siente amigo suyo mucho antes de terminar el primer libro…
    Su partida nos deja tristes y enfadados... Tristes como putas tristes…  y enfadados con la parca,  con el hado funesto que decide el tiempo de la ausencia. ¿No podías esperar un año más, acaso, puñetero?... Por lo menos hasta que concluyera ese agosto inconcluso… ¿Es que no hay ningún tipo de eximente para el genio?... ¿Qué urgencia era ésa, so insensato?…
    Modestísimamente In Memoriam…

     

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