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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 07
    Noviembre
    2012

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    El fenómeno oviedista, a propósito de Obama vs Rommey

     

    En la gran América son bastantes más los jóvenes con los ancestros en cualquier lugar del orbe, trabajos precarios y muchos apuros para llegar a fin de mes, que los sajones asentados desde hace muchas generaciones en el primer país del mundo, con rentas elevadas y un punto de desdén por los oscuros. Por lo que se ve, Obama y su gente lo sabían; los otros, parece que no tanto, y ello les ha supuesto una sorpresa.
    Es lo que pasa con las cosas evidentes. Están ahí, suceden a nuestro lado, pero muchos, a veces, no las vemos… En Oviedo hay mucha gente que, ahora, se sorprende con el fenómeno oviedista. Les pasa, salvando las distancias, lo mismo que a Rommey y a los suyos con el electorado de su país… El oviedismo estaba ahí desde siempre, desde donde alcanza la memoria de los más viejos del lugar, y se puede percibir perfectamente en esas procesiones de miles de personas que cada quince días emprenden el camino del Tartiere. Y de muchos miles más que siguen la liturgia del partido desde casa, pegados a la radio, aislados de todo durante un par de horas porque juega su Oviedín. El oviedismo es un fenómeno por el que una afición, que excede en mucho a la propia ciudad de Oviedo, limpia, pule y envuelve con cuidado en papel brillante el sentimiento hacia un equipo de fútbol, y se lo regala a sí misma todas las semanas. Gane, empate o pierda. Suba o baje. No da igual, pero da lo mismo: “siempre o-vie-do”
    Sí. El oviedismo estaba ahí y muchos no lo veían porque no miraban. Ahora se sorprenden, otra vez salvando las distancias, como el hombre que perdió las elecciones en América por no haber mirado bien quiénes votaban. Estos días el mundo, tan pendiente de lo que estaba pasando en Ohio, va a dedicar también un poco de atención a esta ciudad nuestra, tan adjetivada por la historia y los cronistas, para ver si su gente puede o no salvar el sentimiento que une a tantos en torno a un equipo de fútbol. De momento (y salvando por tercera vez las distancias para encontrar analogías escondidas) los que allí hubieran votado a Obama están acudiendo a la Ampliación de Capital del Real Oviedo con sus pocos recursos, tan menguados por la crisis. Y los que hubieran votado a Rommey están mirando asombrados la cantidad de gente que se sube al tren de la ilusión fletado por una afición irreductible, cada cual con el billete que pueda pagarse.
    Aún quedan muchas plazas libres en el tren, aún están a tiempo de formar parte del fenómeno, incluso quienes no se percataban de que existía.

     

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