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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 16
    Septiembre
    2012

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    El Madrid no tiene entrenador

     

    Las estrellas siempre han sabido capturar la mirada del hombre e influir en sus actos y en sus sueños. Irradian una luz tan hermosa, tal alta, tan inalcanzable…, una luz que ni alumbra ni quema, una luz que invita a la ensoñación, a huir de lo rastrero, lo mezquino, lo cotidiano y engancharse a esa dimensión desconocida e inquietante de lo alto, lo grandioso, lo eterno…
    Aquí abajo hay también “estrellas” convenidas: hombres o mujeres que brillan porque rozan la excelencia en alguna actividad, gracias a su ingenio, su talento o su habilidad, y viven aupados entre las nubes y el suelo. La gente de a pie también gusta de mirar a estas “estrellas”: unos las adoran, otros las maldicen, muchos las envidian… Nadie resulta indiferente a la luz que viene de lo alto.
    Mouriño es una “estrella” refulgente en el cielo de una España que se resquebraja, una nación a la que han recetado el fútbol como emplasto para mantenerse unida. Reina en un palacio blanco de forma despótica, sin obligación de rendir cuentas más que a un emperador, vestido de eterno gris marengo, que nunca se las pide. Reina también en los estadios donde dirige sus huestes, actuando siempre según un guión que le escribe Maquiavelo redivivo, y se erige en juez universal de lo que allí acontece, y levanta actas sumarísimas que escribe en una libretita que guarda a buen recaudo, salvo cuando permite que alguno se la encuentre. Condena a árbitros, estamentos, entidades, y colegas, a los que si se tercia agrede infamemente por la espalda, a la pena de su desconsideración y su desprecio, que piensa que supone un gran castigo, algo así como el alejamiento de la Casa del Padre.
    Ayer, además, el gran Mouriño, tras perder en el campo, en la rueda de prensa dijo que no tenía equipo y condenó a sus jugadores a lapidación pública. Sostuvo que no ponían empeño en la disputa y, de todos, solo salvó a tres. No dijo a quienes, aunque no es difícil intuir a los que el dedo del monarca salvaría in extremis unos minutos antes de hacer bajar al resto a la hondonada para que los maten a pedradas.
    Nadie había utilizado (ni sufrido) hasta ahora, en el mundo conocido, estos “métodos Mou” para gestionar la plantilla de un equipo de fútbol… ni de ningún otro deporte, o actividad. Ni nadie se explica cómo unos tipos con edad y recursos tan sobrados no le paran los pies a este fulano. Definitivamente no son maneras de entrenador de fútbol. Mou, más que una “estrella” del deporte es un foco potentísimo en los ojos de jugadores y aficionados. Más que un entrenador, es un gestor de acusaciones y revanchas que pierde los papeles cuando alguien le supera, evidenciando además bastante mala baba.
    Pobre Real Madrid, creyéndose tan rico, no tiene entrenador. Ni presidente…

     

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