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Mirando pasar la vida
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Blog Mirando pasar la vida - Edu Arding

Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 18
    Abril
    2014

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    El post partido

     Pensé en escribir este billete, o uno parecido, el otro día mientras veía, en casa, el partido de la final de Copa. Allí estaban mis hijos, con impecable hábito azulgrana, y unos amigos suyos, de uniforme blanco como la leche. Declaré formalmente el terreno neutral, para que los invitados no se sintieran forasteros, y nos dispusimos a ver el ir y venir de la pelota... y cómo cada uno interpretaba el tránsito, que es en definitiva de lo que trata este viejo rollo futbolero.

    Al final mis muchachos cargaron con la pena y la decepción, y a sus amigos se les escapaba la alegría por los ojos, por la boca, por los brazos al aire ondeando servilletas, blancas naturalmente... Una final siempre concluye en euforias y tristezas, repartidas según indique el resultado.
    Este cronista, que mantuvo silenciosa militancia en el envite, tiene el ánimo entrenado a soportar mordiscos y ya no sangra por esas heridas, aunque recuerda otro tiempo, cuando él tenía la edad de los chavales y también sufría y gozaba en función de un balón jugado a cientos de kilómetros... La vida, en ocasiones, discurre por autopistas rectas que alejan el mañana del ayer a un ritmo vertiginoso, de forma que es imposible entender el uno desde el otro; y en otros casos transcurre por trayectos que dibujan en el tiempo una circunferencia perfecta y nos coloca hoy en el mismo lugar donde estuvimos en un ayer lejano, de forma que el paisaje nos parece familiar y repetido...
    El caso es que al final los que pierden siempre encuentran peros que poner a la victoria del rival, y los que ganan siempre encuentran un dedo para meterlo en el ojo que llora la derrota... Pero eso, siempre que vaya condimentado con respeto, anima el post-partido; y si además se incluyen unas migajas de ingenio, desenfado e ironía, se convierte la velada en memorable. Tal fue la del otro día, y terminó tarde y a deshora, en un punto en que ninguno de los jóvenes uniformados lloraba la derrota ni levitaba con el triunfo, pues el mundo ya había recuperado, para ellos, sus contornos y sus egos habían retornado a sus cuerpos mortales... 
    Y quien esto cuenta fantaseaba, en un rato de silencio robado a la tertulia, en qué hubiera podido ocurrir si el galés de piernas incansables y mejillas rubicundas hubiera jugado con la otra camiseta...
     
     
     
     
     

     

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