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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 16
    Noviembre
    2017

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    SOCIEDAD Oviedo

    El procés: dos fuerzas y un misterio

    En el proceso independentista de Cataluña pugnan dos poderes que manejan fuerzas de distinto signo: una, centrífuga, que quiere alejar una parte del todo; y otra, centrípeta que se opone a la primera y quiere mantener unida y cohesionada a la nación española.

    Mucho se ha dicho ya, por voces mucho mejor timbradas que la de este humilde cronista ocasional, sobre causas, efectos y pormenores de la monumental gresca montada por unos y respondida por otros. No obstante hay algunos puntos sobre los que hoy toca insistir en este billete, y para ello hay que mojar la pluma, casi nunca asistida por la levedad de la certeza sino más bien cargada por el peso de la duda, en el tintero de la desesperanza, pues eso es lo que rezuma el pensamiento de que quizás el móvil que activa a las dos fuerzas en lucha no sea tan diferente, incluso puede que sea el mismo... Tal vez lo que mueve a muchos cientos de miles de catalanes a tirar de la cuerda hacia fuera sea el convencimiento de que solos vivirán mejor, que tocarán a más si no tienen que repartir sus recursos con vecinos más pobres, menos trabajadores y menos inteligentes... Y, quizás, lo que mueva a muchos millones del resto de españoles a tirar de la cuerda hacia dentro sea la sospecha de que sin Cataluña vivirán peor, que sus economías se enlentecerán sin el tirón de una de las locomotoras del largo tren en el que va el país... O sea que en el fondo se trata de una mera cuestión de defensa de intereses bilateral, que diría un escéptico con ganas de resumir en una frase corta un asunto complejo.

     Intereses, especulaciones, cálculos, promesas, miedos, ambiciones,  todo ese conjunto de ingredientes guardados en el ángulo más oscuro del salón donde habita la condición humana se han sacado para cocinar un plato indigesto para cualquier patria. Luego está, por supuesto y descontado, el atrezo que cada bando utiliza para la representación de su gesta: la de liberación de un pueblo oprimido, según unos; la de defensa de una patria solidaria con más de quinientos años de historia, según los otros. Banderas, himnos y soflamas, versionados de la historia ad hoc, pactos y alianzas, promesas y presiones, negociaciones ocultas y proclamaciones públicas, verdades, medias verdades y mentiras, enaltecimiento de lo propio, demonización del contrario y llamamiento al pueblo a formar las filas de los soldados de la idea, a convertirse en gente de trinchera y a distanciarse y distinguirse de quienes no sientan el mismo amor patrio bullir en sus entrañas. Movimientos muy socorridos en la historia del mundo antiguo, en un presente de bienestar en riesgo. Amores patrios que siempre han matado a los mismos...

    A los que no suelen matar, o matan menos, es al grupo de generales que orquestan las batallas. En el tiempo antiguo, cuando los hombres rezaban a sus dioses antes de lancear al enemigo, se decía que era precisamente el designio divino quien disponía que unos murieran y otros planificasen las matanzas desde posiciones altas, a cubierto... Ahora que, afortunadamente y de momento, la muerte es solo una metáfora y cada ciudadano lleva el objeto de culto en su cartera, falta saber qué fuerza oculta y misteriosa es la que dispone que tantos ciudadanos comprometan su presente y su futuro siguiendo a líderes y gobernantes que, en ambos bandos, permanecen sentados en los altos sillones de mandar a pesar de tener los zapatos tan manchados por el barro de la corrupción política e institucional, siendo en alto grado responsables de la misma, y haber quedado patente esa responsabilidad a ojos de toda la ciudadanía...

     

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