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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 05
    Abril
    2016

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    SOCIEDAD Oviedo

    El Real Oviedo en territorio fútbol

    El fútbol moderno es como un gran continente que engloba territorios ya muy transitados y otros que han sido incorporados recientemente al gran imperio del balón. Hay multitud de individuos que pasan por ser expertos conocedores de esas regiones, y muchos que hacen de ese supuesto conocimiento su oficio o profesión; y masas ingentes de aficionados que sostienen ser capaces de interpretar correctamente las claves del juego y del negocio... Sin embargo, todos se ven con frecuencia sorprendidos por el fenómeno, pues mal se puede conocer y dominar algo que está tan influido por el veleidoso azar.

    No caerá este modesto cronista en la gruesa presunción de atesorar algún conocimiento infuso o adquirido que pueda desentrañar alguna clave del proceso que ha llevado al Real Oviedo del paraíso a las mismas puertas del temible purgatorio... en unas pocas semanas. Sin embargo, sí quiere exponer una sencilla reflexión sobre el asunto en este billete en el que no caben cosas de gran peso.

    Por la parte del fútbol que toca a la vida misma, a los sucesos comunes y ordinarios, a esos territorios del deporte rey que limitan con las relaciones humanas y laborales, se percibe claramente que un grupo de empleados ha formado una pinza, junto con la patronal, con la que ha atenazado y empujado fuera de la fábrica a los jefes de planta y a algunos compañeros distinguidos. Sin entrar en razones o culpas de unos y otros, pues eso superaría la extensión de cien billetes, parece oportuno señalar una evidencia que muchos aficionados parce que no quieren ver, a tenor de las expectativas que mantienen: tras el desencadenamiento de una gran tempestad, como es el caso, no cabe esperar la calma, pues lo que ha de llegar es la tempestad misma. Lo que ha pasado, lo que se ha urdido, y permitido, es de tal gravedad que no puede pasar en un suspiro; las relaciones del grupo tienen que estar muy gravemente dañadas, y ese daño subyace y perdura tras los primeros retoques.

    A veces las razones duelen, pero la realidad siempre aplasta a la quimera…  Que en un autobús, se permita, o se propicie, el cambio de conductor en plena marcha, sin ninguna señal aparente de infracción, incumplimiento o indisposición por su parte, por un simple alboroto de una parte del pasaje, impresiona como maniobra altamente peligrosa... Si, además, se percibe un cambio de ubicación de algunos pasajeros, la maniobra ya se torna en componenda, que traduce la existencia de una complicada red de intereses afectados en el viaje, incluso cuando los días eran de vino y rosas.

    No pinta bien la cosa en cualquier caso... Tengan tal o cual parte de razón quienes fueron postergados y quienes fueron promovidos, mucho me temo que, al final, el fútbol se la quitará al equipo y en lo que queda de temporada la afición ayunará de triunfos y alegrías.    

     

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