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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 19
    Octubre
    2011

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    El termómetro

     

    Hay diversos tipos de termómetros para determinar la temperatura de un medio, bien sea terrestre, aéreo o acuático. Pero no es de ésos de los que va a tratar este billete de hoy, miércoles lluvioso en el que parece que nos han apagado la luz de un verano intruso. Va de otros termómetros. De aquellos en los que se mide el ánimo, el pulso de una sociedad, de un pueblo, que están por cierto bajo cero y bajando.
    Relacionar y definir todas las causas sería objeto de otros talentos y otros foros. Aquí, solo se va a sugerir modestamente una: la sensación de inutilidad de la Justicia que está calando en nuestra sociedad.
    Desde luego el ánimo del pueblo va cayendo con los ajustes que trae la crisis económica, pues suponen renuncias a cuotas de bienestar; y con el abismo abierto entre la clase dirigente y las clases de tropa, pues suponen descrédito del sistema. Pero el pulso de la sociedad tal vez caiga más en picado cuando deja de creer en la Justicia viendo:
    A esos repulsivos jóvenes asesinos sevillanos, cambiando una vez más su relato macabro y diciendo lo que les mandan decir sus reputados letrados, que seguramente estarán al cabo de la calle que no perece ser capaz de recorrer la Justicia en casi 3 años de camino. Si no fuera tan triste, tan trágico y tan terrible, darían ganas de reírse del tinglado.    
    Esas diligencias e inspecciones de una finca en Córdoba en las no se acaba de encontrar nada, aunque nadie se puede quitar de encima ese olor nauseabundo que produce  la acción más vil que un ser humano puede cometer. Una acción de las que nos hacen, a todos, al menos por un momento, dejar de creer en el ser humano.
    A esos empresarios acudiendo como grandes magnates a juicios promovidos por cientos de sus antiguos empleados, a los que han dejado en la calle después de arruinar sus empresas y llevárselo, dicen que calentito. A tantos altos directivos de Bancos y Cajas de Ahorro, arruinados por sus decisiones y omisiones, que se han trapicheado unos pasares de maharajás para el resto de sus días.
    A esa gente que manda quemar el monte, un año sí y otro también, sin pararse en barras de tragedias humanas y medioambientales, o pérdidas del patrimonio de la humanidad.  
    En fin, que el día miércoles nos sea leve.

     

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