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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 09
    Marzo
    2013

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    España, antes y ahora...

     España es, ahora, una realidad discutida por muchos de los que antes, en otro tiempo,  habían llegado a creer firmemente en ella. Creyeron en tiempos de más cortedad, de más limitaciones, de demasiados linderos en la vereda; y dudan ahora, que el sol sale a la misma hora para todos, según dicen... Tal vez sea que, entonces, había determinadas signos en el camino que hoy ya no se ven, o están desapareciendo...

    No se trata de comparar los tiempos, sino de contraponer algunas sensaciones del caminante respecto a la realidad de la nación, patria, país, estado, o cosa, que de todas formas se la llama o conoce. Una nación, estado, o lo que sea, se levanta sobre la firme voluntad de un pueblo en permanecer unido en un proyecto con historia y con futuro; y se sostiene sobre la credibilidad de sus instituciones y poderes, incluso de los que no están sujetos a sufragio, pues ningún órgano de poder o representación es legítimo si ha perdido la confianza de una mayoría significativa de ciudadanos.

    No parece exagerado sostener que aquí, en España, ahora, las primerísimas instituciones del estado han perdido su credibilidad por navegar durante demasiado tiempo por las turbulentas aguas de la sospecha y por haber desembarcado demasiadas veces en playas tomadas por el galipote de la corrupción..; y que muchos de los naturales del país manifiestan inequívocamente su voluntad de secesión... Y todo ello en un ambiente de empobrecimiento general de la nación, con grave deterioro en las prestaciones básicas a la ciudadanía...

    Y en este escenario, mientras el mundo se hace eco del fracaso de la obra, los figurantes no queremos reparar en cómo hemos hecho, cada uno, nuestro pequeño papel en la tragedia; y los directores de escena, que se han mostrado prevaricadores y corruptos a los ojos de la opinión pública de forma clara, manifiesta y vergonzante, siguen en sus puestos, o conservan sus privilegios amparados en doloso compadreo con quienes los sustituyen, perpetuando una situación de fraude a la confianza del pueblo... Un pueblo confundido, humillado y cada día más crispado que, poco a poco, va sintiendo vergüenza del presente y dejando de creer en el futuro.     

     

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