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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 26
    Noviembre
    2014

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    España escindida

     La democracia ha sido, en muchísimas ocasiones a lo largo y ancho de la historia, el guante de seda que el déspota ponía en su mano de hierro para hacer lo que mejor convenía a los intereses de su casa. Ha sido y tal vez sea... Así y todo, hay mucha gente de buena fe, o de mirada distraída, que se deja la piel por estrechar la mano enguantada... Tal es la naturaleza humana.

    Sostiene Tordellini, preclaro pensador que dicta sus lecciones en caminos perdidos en bosques en desuso, que solamente la buena fe, la evasión de la mirada crítica y la renuncia a cualquier juicio sobre la actual situación y sus causas, pueden hacer soportable el dolor que esta España escindida produciría en sus naturales, a poco que mirasen y juzgasen la realidad en la que viven...
    Y añade que España no se escinde solamente en alguna de las esquinas de su vieja piel de toro (que también...), sino que sobre todo se escinde en su mismo centro, en su pura esencia de nación; o sea, en su ciudadanía misma, con esa vernácula tendencia a helar el corazón del prójimo enemigo... 
    Hubo épocas en las que se canalizó esta deriva fratricida a cavar trincheras desde las que poder disparar a gusto a los contrarios; y otras, más civilizadas, como ésta que vivimos, en las que se crearon dos grandes partidos con el ánimo de descerrajarse descalificaciones uno a otro y de continuo, sin pactos, ni alianzas, ni asuntos de Estado a salvaguarda de la guerra partidista, para canalizar así la inquina de media España hacia la otra. Y de paso, ellos, los que manejan el timón, hacer una buena travesía en busca de negocios, chanchullos y sinecuras.
    Sobre el resultado de tal situación, Alexander Tordellini no quiere gastar saliva, pues dice que basta con no cerrar los ojos y mirar lo que pasa en el pueblo, en la ciudad vecina y en la capital del reino, así como en el resto de tierras y ciudades... Y sobre el futuro, manifiesta que se guarda su impresión porque, sostiene, es necedad aventurar lo que uno no quiere que suceda y nadie va a tomar mínimamente en cuenta

     

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