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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 28
    Febrero
    2018

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    SOCIEDAD Oviedo

    España y su abrigo institucional

    Pongamos que aceptamos y entendemos que las instituciones vienen a ser el abrigo de la ciudadanía, aquello que nos protege de la cruda intemperie de la selva...

    Por esta parte del mundo llueve a cántaros últimamente, en el sentido figurado en el que se debe interpretar esta evidencia: llueven pedruscos duros como puños de corrupción que traen grabados sobre su superficie los sellos del poder ejecutivo de distintas administraciones; y soplan vientos huracanados de insumisión a la ley y de grave deslealtad, alentados por el gobierno de esa parte de España situada al norte de la franja que este viejo país presta al abrazo secular del Mare Nostrum.

    No perciben, ciertamente, los naturales del país que las instituciones les presten el cobijo apetecido... Esperaban más de ellas y así lo proclama y sostiene la buena gente del común. Del gobierno central algunos esperaban más acierto y contundencia; otros, más acierto y más cintura política; y la mayoría, más no saben muy bien de qué. Del gobierno rebelde, la inmensa mayoría, no esperaba rebeldía, y una minoría, aunque puede que mayoritaria allí, esperaba aún más contundencia en la rebelión, mayor celeridad en la desconexión del nexo varias veces centenario... Respecto al  poder legislativo todos están convencidos de que no tienenconstruido un entramado legal que pueda proteger las columnas sobre las que se asienta la unidad de la nación española y la buena convivencia entre españoles... Y al poder judicial, todos le juzgan según él juzga, condena o absuelve a los de cada quién, poniendo, si es el caso, con pruebas o sin ellas, el dedo en la llaga de su sometimiento tácito al poder ejecutivo.

    Y en medio de esta ventolera de criterios, sentimientos e intereses, asistimos un día sí y otro también a inquietantes sorpresas que la vida nos regala envueltas en papel de estraza: un nuevo dato que salpica de corrupción al presidente de aquí, o al de allí, o a alguno de sus principales paladines; un nuevo guiño a la sinrazón por parte del honorable que anda huido de la justicia, en un exilio de lujo y esplendor, gestionando múltiples apariciones de opereta, mientras tiene paralizado al país; o por la de esa dirigente catalana, antes con aspecto de implacable activista contra sistema, y ahora reconvertida en barbie, que se suma al carro de esta farándula independentista del  todo vale...

     Y a tal espectáculo acude el país en pleno, atónito y convencido de que esto es un sindiós y que no tiene arreglo porque los mecánicos encargados de hacer funcionar el entramado institucional carecen de herramientas, o de conocimientos, o de voluntad, o de dos o tres cosas a la vez...

    Este cronista ocasional, que compone con sus parientes, amigos, compañeros, vecinos y compatriotas, el coro de esta tragedia hispana, recuerda los versos del poema de Mío Cid en los que se cantaba la grandeza del vasallo y la poquedad del señor... Pero debe reconocer que si algún juglar intentara cantar la gesta de este tiempo, terminaría llorando por la poquedad de señores y vasallos... Nosotros, todos, hemos al fin confeccionado esos abrigos que nos dejan tiesos...  

     

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