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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 03
    Marzo
    2017

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    SOCIEDAD
    Oviedo

    Foto Bankia

    La foto de la España de ahora es la de Bankia, en ese tono sepia mustio que huele un poco a rancio: una montonera de banqueros, políticos de razas peligrosas con pedigrí comprado y altos funcionarios a sueldo del Estado y de los banqueros, compareciendo ante los jueces... Y todo ello contemplado por el pueblo atónito, del que, por cierto, salieron hace años los políticos y algunos funcionarios. Los demás, no; esos vienen del cielo, son de designación divina, si se hace caso a los salmos de otro tiempo. O del infierno, si se tienen en cuenta sus acciones...

    En todos los tiempos, antes y ahora, hace seiscientos años y anteayer, la historia de los pueblos está marcada por el estigma de que la condición humana, más tarde o más temprano, es vulnerable a la tentación de envilecerse, y esta vulnerabilidad aumenta si se tocan las sillas de poder. El tiempo ciertamente cambió mucho al mundo; aunque no tanto a la condición humana... Todos sabemos que para quitar a la gente la afición a robar en los caminos, en el pasado oscuro y ya lejano, hubo que inventar la guardia civil para que persiguiera a los bandoleros por los cerros y llanos, y los metiera a tiros en la vereda de la ley. Y todos sabemos que la única manera efectiva de pararles los pies a los grandes ladrones de este tiempo, es que la Guardia Civil entre en sus despachos y salga con cajas llenas de pruebas de los atropellos y corruptelas que cometen. Es lo que hay y lo que sale en las fotos. Es lo que funciona, porque el poder político tapa, esconde o niega la corrupción entre los de su cuerda, y solamente denuncia la de los contrincantes si no media pacto, acuerdo o componenda.

    Rato, Blesa y sus malas compañías, delincuentes todos ellos de altos vuelos, tan altos que desde el suelo no alcanzamos a mirar por donde vuelan, han sido detenidos, juzgados y condenados por lo que el pueblo llano llama robar con guante blanco, y la justicia, de otras muchas formas que no vienen al caso en esta crónica de banqueros malos escrita en el banco de un parque cualquiera, por un cronista que, como tantos, llora, con la tinta, lágrimas de impotencia, desconfianza y desencanto.

    No sé porqué no me va a gustar la foto que cierre el álbum de Bankia. No sé porqué me parece que no me va a parecer justa la justicia que al fin se haga, si se hace...      

     

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