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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 07
    Junio
    2012

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    Grietas en el muro

     

    Dejo colgada en este billete, que estrena un junio tan incierto, esta crónica de un tiempo antiguo, no sé si de hechos reales o imaginados, que seguramente resultará entendible en este tiempo que ahora mismo vuela, no sabemos hacia dónde…    
     
    Tras cientos de años de historia, viejos conflictos intestinos, azuzados por oscuros enemigos de intramuros, amenazaban con el desmembramiento y ruina del país, otrora tan próspero y pujante. Era una patria en cuyos muros se veían sin esfuerzo grandes grietas en dos de sus costados. Para reparar esas fisuras sus gobernantes decidieron rellenarlas de argamasa, y para que el arreglo resultase más estético hicieron otras grietas más pequeñas en otras zonas de la pared y colocaron el mismo tipo de recubrimiento. Con el tiempo la argamasa demostró ser remedio pasajero y los muros de la patria, a través de cuyas grietas bien se podía ver de un lado al otro, parecían incapaces de contener el peso de tantos intereses, tantos egoísmos y tanta intransigencia. El país, la patria y la nación aquella se iban desmoronando, azotados por el agua y el viento de unos tiempos difíciles.   
    De repente apareció en el mundo un enemigo implacable, proveniente de las tinieblas exteriores, que arrasaba aldeas y ciudades, destruía casas y castillos, arruinaba cosechas y fortunas. Muchas naciones cayeron ante el empuje de aquel demonio poderoso y fiero, y aquel país, el de los muros vulnerables y las gentes enfrentadas entre ellas, parecía una presa fácil para aquel conquistador tan imponente, cuyo ataque parecía ya a punto de perpetrarse. Pero un anciano, que vivía apartado del mundo, salió de su retiro y anunció que nadie temiera nada, que no era el fin lo que se avecinaba, sino el principio de un tiempo nuevo porque ellos sabrían rechazar al enemigo. Todos lo tomaron por loco pero lo escucharon porque estaban aterrorizados y nada como el miedo abre las orejas y cierra las bocas.  
    Sostuvo el anciano que toda nación necesitaba imperiosamente una amenaza externa que la asuste y la haga juntarse y encogerse, y ellos la tenían ahora a las puertas de sus muros. Podrían entonces, tras juntarse y encogerse, crecer de abajo hacia arriba y de adentro hacia afuera, que es como deben crecer los pueblos, como se hacen y se rehacen las naciones, como se dibujan las patrias en el corazón de los hombres, y como siempre se ha rechazado al invasor desde que el mundo es mundo.
    Y dijo también que se dejase escrito que si, dentro de un tiempo, los muros de la patria volvieran a resquebrajarse por arriba, por el medio, o por abajo, fueran derribados desde la grieta hacia arriba y reconstruidos de nuevo, por todos y entre todos; que ciertamente saldría más caro que colocar emplastes, pero que a la larga se ahorraría en vidas y en recursos. Y que las cuentas de la nación no las deben llevar gentes mezquinas: en ella hay que gastar siempre lo que fuere necesario.

     

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