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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 21
    Mayo
    2012

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    Hay otras políticas

     

    Pues parece que el episodio de Sostres no da para más. El PP le ha montado un buen pollo al diputado, ha salido a la calle con banderas feministas y ha ido al Congreso con carracas de reprobación; y el hombre ha tenido que pedir excusas por ser un bocas. Mi abuela María, que hace ya muchos años que descansa en paz, y cuyo recuerdo me visita en ocasiones, era una mujer mucho más amiga de dichos y proverbios breves que de largas sentencias. Era medio sanadora y hacía unos diagnósticos sencillos de las enfermedades del cuerpo y de la mente. A esta gente la llamaba “desacertada” y decía que el único remedio que había para ellos era que procuraran hablar poco.
    Montoro, por otra parte, dice que no va a ampliar el plazo para que Asturias presente las dichosas cuentas del ajuste, y viene a explicar que los tiempos que marca la ley no deben estar supeditados a los que enreda la política. Dice bien el ministro. Este cronista ocasional se apunta a ese rigor, pero opina que, como todo rigor, se reblandecerá y perderá toda consistencia si quien lo implanta no lo hace de forma universal; o sea, para todos.
    No hay nada peor que el agravio comparativo para no quitarnos de donde sabemos que estorbamos. Somos gente agraviada de antiguo, y susceptible de serlo en cualquier ocasión. Debe ser el único rasgo común que nos resume como pueblo, lo cual no da para esperar el futuro con confianza, pero lo cierto es que se nos llena la boca de decir que hay otras políticas, además de las que escriben al dictado de la banca internacional, esa estrella tras la que llevamos tantos años caminando los pueblos de occidente; y censuramos a nuestros dirigentes porque no saben sacarnos de esa estela que conduce a la sumisión y a la pobreza. Pero cada uno de nosotros sigue en su vida privada, en sus costumbres, ese mismo itinerario, esa misma dirección. No se perciben cambios de actitudes que no vengan impuestos por carencias, la gente sigue gastando recursos a manos llenas, tantas veces de forma tan innecesaria, tan superficial, por motivos tan traídos de ninguna mano razonable: coches cada vez más caros, casas más grandes, viajes a lugares más lejanos, comidas, bebidas, vestidos y calzados cada vez más sofisticados, en búsqueda permanente del acceso a una exclusividad y a una sofisticación que misteriosamente tira de nuestras más íntimas apetencias cada vez con más fuerza; y una continua postergación de cualquier planteamiento que tenga que ver con la sostenibilidad de los ecosistemas.
    Las políticas las diseñan y ejecutan los líderes, pero la tendencia la marca el pueblo. Cuando nosotros cambiemos de costumbres, cuando volvamos a seguir la estela marcada por los valores que un día nos enseñaron, cuando nuestra palabra sea de verdad garantía de conducta, cuando seamos humildes y generosos, pacíficos, sobrios y laboriosos, y honestos por encima de cualquier convencionalismo o influjo, seguro que veremos surgir otras políticas

     

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