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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 16
    Julio
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    Hombres, tierras y naciones

    A este cronista ocasional -que pasea su pensamiento de sombra en sombra y rellena este billete, breve y de escaso fundamento, mientras un sol de castigo, tomado ahora como premio por uno de esos trueques de valores que el humano ha venido haciendo, consigo mismo, desde que el mundo es mundo, impone su ley en un cielo inmaculado- siempre le ha interesado la inclinación del paisano por el terruño en el que nace, que viene a ser trasunto de la querencia de la bestia por la pradería en la que pace, potenciada si acaso por cábalas y cuentas que aquél hace y ésta no precisa.
    Son estos cálculos los que convierten la inclinación en interés y el apego en sentimiento sacrosanto que se defiende e impone si hace falta; y son éstos los hilos que confeccionan los ropajes de los "ismos"... Los nacionalismos vienen a ser un sentimiento revestido de intereses, aunque a muchos se les revuelva esta idea en la sesera...
    Se parte de un sentimiento primigenio, y noble, de querencia por el entorno del origen, de una comunión con un paisaje, con una geografía, y se llega al derecho de explotación de unos recursos, de imposición de fueros y pernadas. Así se forjaron los estados antiguos, en la sombra de un tiempo muy lejano, y así se desmembran algunos ahora, a la luz cegadora de un verano sin cuartel. Y antes y ahora, los cantores de gestas, componen poemas y pintan de colores los ropajes, banderas y pendones que los señores al mando les han confeccionado para poner puertas a su parte del terruño. Si otros señores les discuten el derecho, mandarán a sus fieles a regar con su sangre las praderas de ellos. Si no, habrá armisticios, muda de fronteras y se abrirá un nuevo tiempo de cantos y romanzas... Nada nuevo, en fin, para el sol que frunce el ceño en las alturas.

     

     

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