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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 14
    Febrero
    2012

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    Igualdad

     

    El otro día El follonero achuchó de lo lindo en su programa a Jaume Mata, afeándole que, siendo presidente de Baleares, otorgara trato de favor al duque de Palma, llamado antes Urdangarín a secas, y veremos cómo cuando pase la que le está cayendo encima al hombre.
    Mata, caído del poder por el peso de sus trampas, asaetado sin piedad por sus enemigos, abandonado a su desgracia por sus socios y en capilla de juicios por 12 delitos nada menos, aguantó perfecto la ironía del incisivo periodista y sostuvo con naturalidad lo mismo que después apuntó la portavoz del poder judicial para explicar una decisión de un juez: que no todos somos iguales. Y ni muchísimo menos, añade libremente este cronista: ni ante la ley, ni ante el poder, ni ante la vida…
    ¿A quién puede extrañar la afirmación? El progreso experimentado en este valle de lágrimas es enorme, en cualquier ámbito, si echamos la vista atrás. Ciertísimo. Y cuanto más atrás miremos, más grande es el avance en este largo camino hacia la igualdad entre los seres humanos. Ahora bien, así como sería de necios negar tal progreso, es de hipócritas, o de fatuos, decir que se ha llegado ya al final. Ni mucho menos: la vara de la justicia todavía hace mucho más daño en las espaldas del pueblo que en las de la nobleza del dinero, del poder, o de la sangre; todavía lloran más los barberos que los duques. Y tengo para mí que va a seguir siendo así por mucho tiempo aún.
    Los barberos, y el resto de maestros y peones en todos los oficios, rentistas, negociantes, clérigos, soldados, labradores, jubilados, hombres y mujeres del reino, saben en sus carnes que hoy hay más igualdad que ayer, y esperan confiados en que haya menos que mañana. Y eso viene a ser la democracia venida desde arriba. No peor, siempre, que la que llega desde abajo, conquistada a tiros y bombazos contra palacios ducales y sedes de emporios financieros. No peor y más barata.
    No somos todos iguales. Lo sabemos. El duque irá al juicio en su carroza y entrará por puerta principal y distinguida. Pues que vaya y entre. Aún no se llegó tan lejos como para hacerle caminar y entrar por donde todos; pero sí se llegó al punto de poder acusarle y juzgarle, después de él haber podido defenderse. Y si le encuentra culpable la justicia –ésa que aún no es igual para todos; ésa que todavía le hace reverencias- y le condena, quizás la próxima vez que sea juzgado ya entre por la puerta de la plebe. Tal vez este duque encuentre en esta justicia doble pena: una directa, que le impondrá por el delito cometido; y otra indirecta, pues propiciará que otros lo hagan “igual” a los demás, como ya era.

     

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