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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 19
    Julio
    2014

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    Julio demediado y el mundo, con esos pelos

     
    El mundo sigue teniendo mala cara por más que muchos de los que lo habitan en su zona amable anden más pendientes del bronceado, de la memoria de su móvil y de los menús que ofrecen los restaurantes, que de otra cosa... Aunque esa cosa sea la masacre de trescientos pasajeros de un avión comercial, derribado por un misil lanzado por un uniformado que engañará su conciencia diciendo que cumplía órdenes... Órdenes recibidas, seguramente, del entorno de algún gobernante, avezado a sonreír y a dirigirse al mundo de forma desenvuelta, y a participar en reuniones de altísimo nivel, celebradas en suntuosos salones de prestigiados palacios, siempre en un ambiente de exquisita educación y rancia cortesía.
    El mundo no se ha peinado desde hace mucho tiempo. Simplemente se atusa un poco el pelo y en ocasiones, se lo humedece aprisa. El mundo ha perdido la higiene de sí mismo. El mundo, mayormente, da un poco de grima, que viene a ser la forma distendida de decir, en julio demediado, que da un montón de asco. 
    Trescientos inocentes. Como aquellos trescientos infelices que hace una montonera de siglos murieron en Las Termópilas creyendo defender una patria amable y una cultura superior... Murieron confundidos, porque ni su patria era amable ni su cultura, superior. Como éstos otros trescientos, que volaban, creían que seguros, en medio de un polvorín que tiene más de una mecha preparada... Inocentes todos...
    Este cronista ocasional tiende a sostener, cada vez con más ahínco, que, en realidad el hombre es inocente, más que nunca, cuando nace y cuando muere. Cuando nace, porque lo alumbran, y cuando muere, porque lo matan... bien los años o los males, o peor, otro hombre investido de alguna causa, o dominado por la ira o por el miedo... En el tiempo que transcurre entre ambas inocencias hay, desgraciadamente, momentos para muchos tipos de malicia. Pero en cualquier caso los que alumbran, los que matan, y todos los maliciosos, terminarán, también y a su debida hora, siendo inocentes... Ese es el gran misterio de la vida, que nadie entiende... porque nadie quiere entender.
    Decrece julio; va poco a poco perdiendo su patrimonio de días, su presencia en el calendario apunta ya a una despedida, aún lejana pero insoslayable... A muchos se les acabará el descanso, y muchos persistirán en una zozobra antigua. A España, sólo parece defenderla Merkel y no sé, sí su fuerte brazo bastará para hacerlo en tantos frentes en los que la combate el infortunio. 
    Cataluña persiste en desairar a la madre patria, a través de políticos que han cautivado a gran parte de su población actual, y dilapidado, o distraído, gran parte de sus recursos, propios o prestados. La deuda del estado asoma una oreja que hace imaginar un cuerpo monstruoso, aunque el gobierno entone un himno de triunfo que pocos quieren cantar. Y la pérfida Albión, sigue riéndose de un país, al que en otro tiempo tuvo tanto miedo, en el peñón de la vergüenza, azotado, tantos años ya, por las turbias mareas del oprobio.
    Si. España siente en su vieja piel de toro el azote de un látigo manejado por un hado cruel e inmisericorde que últimamente la golpea con saña, por muchos flancos... Pero el peor azote, el que más le duele a la vieja nación, es el golpe que recibe en plena cara, cada vez que se menea un poco el carro de la actualidad, por la corrupción de esos hijos predilectos que ocupan alcaldías, ministerios y negociados varios. También en julio España huele a esa chamusquina de tanto mamoneo, de tantísimo trampeo, de miles o millones de euros, en tiempo real o en diferido... Una chamusquina que se superpone, e incluso apodera, en este tiempo de siestas y calores, a esa otra, que se produce en el monte que quema el Señor Conde.
     

     

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