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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 26
    Enero
    2012

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    ¿Justicia different?

     

    Los que no hemos nacido en países ricos, poderosos y respetados en el concierto internacional, a veces nos sentimos un poco huérfanos y miramos a esas naciones  pensando que estaría bien que la nuestra se acercase un poco a sus estándares de coherencia, modernidad y solvencia.  Los que hemos nacido en países excesivamente dependientes de otros, con problemas de cohesión social y una economía mal planteada para el tiempo que nos llega, tenemos pocas ocasiones de sentirnos orgullosos de la patria y muchas, para mirarla con el gesto entremezclado de cariño y de censura que un hijo le pondría a una madre bondadosa, pero ineficiente.
    Lamentablemente a España tenemos que mirarla muchas veces de esa forma. No está pudiendo sacar adelante a su familia, viendo como aumentan día a día las bolsas de población instaladas en las cercanías del agobio, con los fantasmas del paro y de la insolvencia a la vuelta de demasiadas esquinas.
    Por si esto fuera poco, la corrupción de los altos, medios y bajos cargos es moneda común en casi todos los órganos de gobierno del reino, y la administración de justicia parece diseñada por el enemigo de la paz interior del ciudadano medio: demasiadas sentencias que chocan frontalmente con el sentido común y la moral ciudadana. En las tertulias de bar, en los casos de amplia repercusión pública, ya se apuesta por la promulgación de sentencias alejadas de lo razonable, mucho antes de que vean la luz y de hecho escandalicen al pueblo.
    La lista de procedimientos y sentencias que hieren la sensibilidad del ciudadano es tan larga, que se escapa por los confines del recuerdo de este cronista desmemoriado; pero solo con una parte de las que recuerda ahora, a bote pronto, llenaríamos muchos billetes como éste, y no es el caso.
     Es obvio que la administración de justicia es muy compleja, debe ser ante todo garantista de derechos, y tiene aspectos técnicos de muy difícil apreciación por la mayoría de la ciudadanía. Pero precisamente por ello, resulta de todo punto imprescindible la confianza de una en la otra; y por eso resulta tan contraproducente la proliferación de procedimientos y sentencias que choquen tan de frente con la sensibilidad y los valores de la gente común, que no ignorante. No se puede ser incapaz de encontrar el cadáver de una niña cuando se ha localizado tan pronto al asesino y a sus cómplices; no se pueden ir tan de rositas los que están manchados de sangre por haberse colocado tan al lado de los matadores; no se pueden entender ciertos indultos del ejecutivo a fin de mandato; no se puede torcer el convencimiento ciudadano de la culpabilidad de unos acusados tan señalados por el dedo de tantos; no se puede excluir de las causas a las personas que acompañan tan de cerca, en su vida íntima o privada, en su proyección pública y en sus intereses financieros a los acusados de delitos de apropiación y prevaricación.  
    En fin, España se despierta hoy con la resaca futbolera de un clásico jugado a las tantas de la noche… y con la justicia deportiva enredada en las botas de un futbolista, al que se le va la pinza con demasiada frecuencia, que en el partido anterior pisó alevosamente a un contrario con el juego parado. Las imágenes de la agresión dieron la vuelta al mundo, las vieron hasta en la China, desde mil ángulos, en planos cortos y largos, con todo detalle, pero ni el árbitro, ni los clubs, ni el comité de competición han iniciado actuación alguna. Sin embargo un espectador, a título particular, ha interpuesto una denuncia al agresor por causar lesiones leves a un contrario; y dos eurodiputados han presentado una queja a la Comisión Europea, señalando que el comité de competición español debería haber actuado de oficio.
    Hace años los vendedores de sueños impulsaron un slogan en el que se pretendía resaltar, en positivo, una cierta “exclusividad de lo español”. Ojalá que los mercaderes de pesadillas no tuvieran, ahora, tantas razones para mostrarnos, tan a menudo, el negativo de una justicia española, tan “particular” en todos sus ámbitos.

     

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