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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 15
    Marzo
    2013

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    La justicia y los territorios aledaños

     En aquel tiempo, en aquellas sociedades primitivas, que fueron las que convirtieron los clanes en naciones y las cavernas en rascacielos, los líderes aunaban la fuerza y la razón -la espada y la ley- y por ello dictaban y ejecutaban sentencias atendiendo al sentido común y a la evidencia. Era una justicia rápida, en la que el pueblo no perdía de vista la relación entre el delito y la pena, por lo que era siempre una justicia entendida por la gente, aunque resultase terrible, y cruel e inhumana a los ojos de los humanos de ahora...

    Hoy la justicia es una maquinaria, no sé si gobernable, que se maneja en altos parajes, muy alejados de los que recorre la ciudadanía pedestre y ordinaria. Sus resoluciones, tan alejadas en el tiempo de los hechos juzgados que éstos ya se han desdibujado parcialmente en la memoria colectiva, están también, en ocasiones, tan alejadas del sentido común, que provocan escándalo en una ciudadanía que entiende cada vez menos el sentido de una justicia que, sin embargo, se dice que emana de ella misma.  

    No cree este cronista ocasional que la intención de los jueces de hogaño sea más perversa y retorcida que la de los de antaño. En absoluto. Y siempre serán preferibles las togas a las armaduras, uniformes o sotanas, en los estrados donde se juzgue a semejantes... Pero sí cree honestamente que la justicia está demasiado lejos de la realidad cotidiana, demasiado lejos de donde ocurren las cosas, de los senderos por donde pasa la vida real. Se puede entender sin gran esfuerzo que existan hechos y actuaciones que por su complejidad precisen para su instrucción cierta distancia y sesudas peritaciones, pero también podrá entender cualquiera que quiera hacerlo, que hay muchos casos que se podrían resolver de forma mucho más directa y ágil, sin tanto sometimiento a procesos farragosos que, con el pretexto de ser garantistas para el acusado, resultan ser una ventaja para el delincuente y en muchos casos, un salvoconducto para cierto tipo de delitos.

    Deberían habilitarse unos territorios aledaños a ese lejano Olimpo donde se sientan los jueces a juzgar, y unos códigos más sencillos y operativos, para poder ver esas causas que no deben, bajo ningún concepto, durar cien años... Tal vez así los que roban millones pudiesen restituir en esta vida lo robado, en vez de permanecer tanto tiempo disfrutando del fruto del delito y, en ocasiones, incluso incrementando su oscuro patrimonio después de haber sido sorprendidos varias veces con las manos en la caja. Tal vez así, en un futuro, nombres como Bárcenas, Urdangarín, Correa, Blanco, y tantos otros que se van escapando de la memoria colectiva por esos agujeros negros del olvido,  suenen a culebrones de un tiempo ya pasado. 

     

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