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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 06
    Febrero
    2012

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    La Rueda

     

    Febrero llueve, frío y desapacible, en un día que quiere parecerse a ayer, y me temo que perdurará en el de mañana. Los informativos de prensa, radio y televisión pulsan la opinión pública, sobre la reciente operación de puesta a punto del que será el buque insignia de la flota que la oposición opondrá a la armada del ejecutivo, durante esta legislatura ya iniciada. Una rueda de  opiniones, expuestas más o menos razonadamente desde distintos puntos de vista, va redundando en argumentos, unos contrapuestos a los otros, mientras la mañana se escapa hacia la tarde sin que el cielo haya sido capaz de espantar los nubarrones que le tienen la cara secuestrada.   
    Hablando de ruedas, viene a la memoria de este cronista ocasional, un andamiaje antiguo del concepto, bajo el que anduvo un tiempo, hace ya muchos años, asistido por ya no sabe qué lecturas, aunque sí recuerda bien las compañías, y que ahora vuelve, como todos los hijos de la reflexión y del pensamiento errático, cuando le da la puñetera gana.
    Y como es febrero, llueve y hace frío, voy a traerlo, atado del recuerdo, a este billete de letras volanderas. Sostenía que la vida venía a ser como una rueda. Una rueda cósmica, gigante, que camina la línea cuyo trazo marca el tiempo a una velocidad que se escapa de la escala de medir de los humanos, pareciéndonos a veces excesiva, y otras, al contrario, de una lentitud exasperante. La parte de la rueda que despega del suelo es la que corresponde propiamente a la vida, que va ganando altura y experiencia según la rueda avanza, hasta llegar al punto más alto de conocimiento y de pujanza, para iniciar después un progresivo descenso hacia la tierra, que será su destino, y que marcará, una vez logrado, el cese de la vida, entiéndase la muerte. Pero no el final, pues no hay final, porque la rueda sigue, y después de un tiempo de contacto con la tierra, volverá ese punto de la rueda a renacer a la vida y a la luz, y a ganar altura y experiencia para bajar después otra vez a la tierra; y después, otro ciclo; y después, otro, y otro más, y muchos otros más, porque la rueda nunca se detiene…
    Eso somos, al fin y al cabo, los humanos, y quizás los demás seres vivos del planeta; y tal vez, de todos los mundos, si es que hay otros mundos con vida en sus entrañas: puntos en una rueda, que vamos viendo el trecho del camino, según la altura en que viajemos en esa gran circunferencia de la vida.Por eso lo vemos tan distinto unos de otros.

     

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