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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 08
    Noviembre
    2011

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    Ladrones elegidos

     

    Peor que la crisis. Peor que el paro. Casi, casi, peor que el terrorismo. Lo peor de lo peor para un pueblo es la corrupción de sus gobernantes. Sobre todo si han sido puestos en las sillas de mandar por sufragio libre. Es el peor cáncer que puede atacar al cuerpo social y contra él no hay cura. Los demás males, el paro, la violencia, la desvertebración, la pobreza, incluso el hambre, tienen tratamientos específicos y medidas paliativas que pasan por fomentar la solidaridad, el sentimiento patriótico y el rescate de los valores con los que los ancestros salieron del oscuro túnel del tiempo antiguo. Sin embargo, contra la corrupción no hay terapia. Ver que quienes llevan la vara de guía, en realidad solo buscan enriquecerse, y verlo una y otra vez; y verlo en unos y en otros, y en los de la moto; en los de la izquierda, en los de la derecha y en los del centro; en los de antes, en los de ahora, y en los que les tocará dentro de un rato. Ver que todo viene a ser un paripé, un grotesco y descomunal cambalache. Ver tanta mierda tratada de don, de usía y de excelencia, arroja a la ciudadanía de la Plaza de la Concordia hacia la Puerta de la Melancolía, donde se dan cita los que ya no luchan, ni protestan ni participan; o hacia la Calle del Alboroto, donde se juntan los que quieren romperlo todo.
    Esta destrucción de la esperanza, esta certeza íntima de que el que venga después del que robó, terminará a su vez robando, le deja ciertamente a la  gente de a pie muy mal el cuerpo, y empieza a sentir una pulsión al volantazo brusco que puede terminar convirtiendo al ciudadano en súbdito de sus propios demonios interiores. A agravar y complicar la situación contribuye la impostada impavidez de los gobernantes corruptos que además son españoles. Esta es una característica propia de nuestros dirigentes. Nunca se dan por aludidos. Jamás se ponen colorados. Ya les pueden haber grabado metiendo la mano en el cajón, ya pueden haber proyectado la película en el cine de su pueblo, que sencillamente dirán que no van a hacer comentario alguno, y seguirán en la poltrona mientras no los vayan a buscar los guardias.  

     

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