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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 14
    Febrero
    2016

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    SOCIEDAD Oviedo

    Las dos orillas heladas

    Hace muchos años, más allá de donde alcanza el recuerdo de la inmensa mayoría de los vivos, un poeta grande advertía fatídicamente a los españolitos que venían a aquel mundo de entonces, manchado de odios que tantas veces se cobraban sangre, que una de las dos Españas habría de helarle el corazón.
    Hoy, en estas tierras situadas entre las líneas que delimitan un país llamado España en el mapa de un mundo convulso y expectante, no se mata al oponente político, simplemente se le intenta machacar de cualquier forma, se le desprecia profundamente con un desdén antiguo y se le pretenden cobrar todas las facturas posibles, tengan poco o mucho fundamento, en su honra y en su fama. La batalla política no es de caballeros, ni con armas nobles; es a pie, o de rodillas, o desde el puto suelo, con palos y a pedradas, gritando al enemigo "y tu más", "peor es lo vuestro"...
    Hay dos frentes de batalla conformados, dos orillas, como cantaba la hermosísima copla de la diva Zanichi: en una, forma la opción conservadora, cuyo líder gobierna en funciones y se erige en garante de la patria, aún teniendo las bodegas de su casa llenas de amaños y mordidas; en la otra, está la nueva fuerza izquierdista populista, y dicen que asamblearia, cuyo líder, joven y sobradamente preparado para el debate en televisión, demuestra tener unos excedentes de autoestima que a veces parece que sobrepasan el umbral de la soberbia. Ambos capitanes están acompañados de asistentes y subalternos, entre los que hay demasiados tipos arrogantes a los que les va la marcha del toma y daca, unos vestidos de traje y corbata, y otros, con camisas con los faldones al aire y chupas desteñidas.
    En medio, sin saber hacia qué orilla dirigirse, mojándose con el agua helada del río que nos lleva, está el PSOE, el partido que contribuyó en primerísima fila a la sostenibilidad de nuestra democracia y que, tras unos años de luces y de sombras, en el poder y en la oposición, ahora, de rebote, tiene la posibilidad de gobernar si alcanza un equilibrio imposible.
    Mirando hacia ambos lados está el pueblo, ora silente, ora en gesto de aprobación o de rechazo hacia lo que se plantea desde una u otra orilla. Un pueblo, en cualquier caso, que no se siente cómodo con los que se refieren a la patria con desprecio, ni con los que la quieren salvar todos los días. Una ciudadanía que desconfía de los gestores avezados, entre los que tantos mordieron lo prohibido, y de estos chicos que dicen que les dejen los mandos del juguete, entre los que se adivina tanto insensato. Unas gentes que tienen para sí que unos tienen demasiado que callar y los otros, demasiado poco que decir. Una nación confundida que no sabe a quien votar, porque no es capaz de sopesar en cual de las dos orillas la vida será más fácil, a la que van a volver a llamar a dudar ante las urnas, entre dos hielos...

     

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