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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

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Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 12
    Noviembre
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    Leyes y sufragios

    En Cataluña se observa un hecho de esos que hay que mirar con calma y sobre los que conviene reflexionar sin prisas: algo menos de la mitad de la opinión manifestada quiere la independencia, ahora; y el resto, algo más de la mitad, no, o aún no... Lo cierto es que la consulta de la que se extrae esta conclusión no se ha planteado a modo de referéndum (seguramente la mejor forma de preguntar al pueblo si sí o si no), sino que ha sido realizada de forma solapada en unas elecciones autonómicas. Sin embargo pocos niegan que resume con bastante exactitud la realidad social y política de esta, hasta ahora, Comunidad Autónoma del Estado Español.

    En Cataluña hay una clase gobernante, antigua y consolidada, vertebrada en torno a un partido político de extracción burguesa, y de corte conservador y nacionalista, llamado Convergència Democràtica de Catalunya, que a lo largo de la dictadura franquista no ha dado grandes señales de actividad pero que con la democracia siempre ha tenido un papel estelar en el concierto político catalán. Este partido vertebra un gran poder político en torno a los poderes económico, financiero y empresarial de Cataluña; y ha sabido pactar acuerdos y alianzas, con otras fuerzas políticas moderadas, que han permitido la gobernabilidad, tanto en el ámbito de la propia Comunidad como a nivel del Estado Español.

    Tantos años de gobierno han dejado en las cloacas del partido muchas mierdas, que, como tantas veces en la historia, afloran en épocas de transiciones tiradas por vacas flacas. Lo mismo ocurre, en mayor o menor cuantía, pero en cualquier caso suficiente para que apesten, en los demás partidos; y el olor es tanto más desagradable cuando más cuota de poder han tocado y manejado. Los dos grandes partidos a nivel estatal, que se han repartido el gobierno de España durante tanto tiempo, no pueden contemplar las vigas en los ojos de Convergència creyendo que ellos solo tienen pajas en los suyos... Sin embargo hay un hecho diferencial entre los partidos enganchados a los nacionalismos periféricos y los de ámbito estatal: aquéllos, cuando no se sienten bien tratados, cuando no se encuentran a gusto en la casa común, amenazan con marcharse, desentierran el tema del conflicto, sacan banderas y estandartes, y en algunos casos hasta se crea un caldo de cultivo social en el que los exaltados ponen bombas y abaten a oponentes a tiro limpio, amparados por entornos difusos pero reales.

    No es el caso de Cataluña, de momento y afortunadamente... En su carrera hacia la sin razón aún no se ha vertido sangre; ni siquiera ha habido violencia física destacable. Pero sí se ha planteado un sin sentido monumental al pretender desde sus Instituciones que, en un Estado de derecho que ha soportado un estado de bienestar durante tantos años en España, y que está en un escenario en el que se aún es posible reconstruir por mecanismos legales y democráticos los desperfectos originados por causas imputables a gobiernos internos, presiones externas y una coyuntura internacional negativa e insoslayable, se puede, primero, vulnerar la ley y después, hacer política... Asimismo se ha creado una coalición política contra natura entre fuerzas de corte conservador, liberales de derechas, gentes de izquierda, formaciones de extrema izquierda y otras, absolutamente anti sistema...

    Ciertamente esto es serio y preocupante, y merece una  reflexión pausada porque lo primero no fue la libertad; lo primero no fue el bienestar... Antes hubo opresiones y represiones. El ser humano tiene demonios interiores que proyecta sobre allegados, secuaces y conmilitones, y juntos crean estados de abuso y de fuerza, en los que las mayorías silenciosas son vejadas, siempre; y encarceladas y ajusticiadas, en demasiadas ocasiones. No hay más que levantar la mirada del terruño para ver lo que tienen tantos (los más) y lo que tenemos nosotros (los menos, los afortunados a pesar de los ladrones que se sentaron, y aún se sientan, en muchas sillas de mandar...). No hay más que echar la vista al largo camino andado... La libertad y el bienestar no los regala ninguna divinidad, ni vienen colgados de cambios climáticos o movimientos de planetas. Son logros que consiguen los pueblos que son capaces de realizar largos trayectos de su historia en paz, respetando las leyes que se han dado, perfeccionándolas con grandes consensos y muchos cuidados. Y hay leyes y leyes... No se puede saltar una gran ley, promovida, jurada y defendida por todos, para promulgar otra que interese sólo a unos cuantos. Ningún sufragio lícito permite vulnerar la ley de leyes. La democracia viene por la ley y no puede ir nunca contra ella. No se puede llamar progreso a la regresión. No se puede derribar la ley para hacer otra ley a medida de intereses de parte. Ningún sufragio quita la razón a la legalidad vigente. La grandeza de los demócratas de verdad es  que aceptan que los votos de los estúpidos, de los egoístas y de los engañados, cuentan tanto como los de los inteligentes, los generosos y los avisados... Pero precisamente por eso se ha de ser muy celoso en legislar cómo, cuándo y qué se pregunta al pueblo. Y los dirigentes políticos, las autoridades, los funcionarios, las fuerzas de seguridad y toda la ciudadanía deben estar bajo el imperio de la ley. Y nadie fuera.   

     

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