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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 29
    Noviembre
    2017

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    SOCIEDAD Oviedo

    Manadas de brutos

    Diga lo que diga el juez en su sentencia; tanto si encuentra culpables de toda culpa a esos cinco notas andaluces y los empapela a modo -cosa que aplaudiría casi toda la parroquia- como si, atendiendo a razones ocultas a las luces de este plumilla, interpreta que no fue lo que parece y los absuelve de la violación de la joven madrileña en los pasados sanfermines, hay una circunstancia que está empezando a ganar la condición de evidencia, pues hasta uno de los abogados defensores la proclama y reconoce: estos tipos son imbéciles.

    Imbéciles... O sea, de esos a los que les cogen pocas cosas en la cabeza; parecidos a los tontos, a los que no les coge casi ninguna, pero no exactamente lo mismo. No sé... No acabo de tener claro si este adjetivo, que muchos gustan de usar como sustantivo y sus razones tendrán para ello, resulta apropiado para todos estos individuos. Quizás para alguno, igual, pero para los cinco... No sé. Me da mal pálpito...

    Quizás el abogado defensor pretende colar sibilinamente, sin mencionarla, la acepción de imbécil moral:esa clase de personas que, conservando muchas capacidades, se dice que no saben distinguir el bien del mal, por lo que en tal caso no podían saber si lo que le hacían a la chica le producía dolor o placer, complacencia o repugnancia... Aunque, claro, entonces la evidencia de esa circunstancia ya se iba a resquebrajar en gran medida, porque la gente, en eso, por muchas teorías que los psicólogos manejen o sostengan, está por las claridades y piensan que no es no y punto.

    En fin, el juicio a la patética manada está visto para sentencia.  Ojalá que el juez alcance la excelencia en su trabajo y acierte a impartir justicia, distinguiendo y separando los hechos de los relatos confeccionados bajo intereses de parte. A todos nos corresponde acatar la sentencia siempre, sin perjuicio del ejercicio de recurso cuando así quede establecido.

    Sin embargo hay casos como éste, en que miles de jóvenes, y no tan jóvenes, identifican diversión con excesos y fiesta con transgresión, ante la complacencia de una ciudad entera, la mirada miope de un país, y la ausencia relativa de un Estado, que nos deben invitar a todos a mirarnos a los ojos en el espejo del tiempo y decirnos a nosotros mismos si nuestra sociedad camina hacia adelante, hacia el progreso, hacia la luz, o está regresando hacia el tiempo oscuro...

    Hay muchos chicos, demasiados, a los que los valores de la moral sobre la que se cimentó nuestra civilización les parecen perfectamente prescindibles y no aceptan normas de conducta ni frenos de apetitos; y muchos gobernantes, demasiados, que no parecen tener ningún interés en defender el modelo de valores que esos jóvenes han sustituido por ninguno, quizás porque sólo les preocupa su propio presente, o su pasado les impida defender ese modelo.

    Este cronista ocasional sostiene que más que imbéciles, son brutos. Y que desgraciadamente hay muchos más brutos y manadas, y muy poco interés en apacentarlas.   

     

     

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