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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 29
    Abril
    2014

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    Martes de fútbol para mirar hacia dentro

     

     
    Hoy amanece el día futbolero. Asoma por Oriente, tomado por la bruma, el sol del balón, por tantos adorado; un sol que a tantos calienta, a muchos quema, y tanto alumbra a todos, y tanto y tanto muestra, dejando al descubierto la tremenda diferencia entre las gentes que poblamos este trozo del planeta que dicen que es azul.
    Una diferencia, abismal, impresionante, que se hace evidente en estas cuestiones elementales del deporte, y que se muestra un punto más atemperada en otros ámbitos... pero que ahí esta, en todos,  bien agarrada a la condición humana.
    Enorme diferencia en la grada del estadio ante la adversidad de un resultado deportivo: muchos, encajando la derrota y la desilusión que lleva aparejada, con dignidad, aplomo y entereza; y otros, muchos también, sacando los demonios interiores para insultar, alborotar y transgredir todo derecho de quien ha cometido el imperdonable delito de perder. Se vio en Oviedo, en el Tartiere, el domingo por la tarde, y se ha visto ya en muchas otras ocasiones allá donde va esta afición que ha sido galardonada de ejemplar y única en certámenes de reglas nunca escritas... Se vio a todas luces la enorme diferencia entre los dos tipos de entender una pasión, de vivir un sentimiento, de asistir a un espectáculo deportivo. Y se debe entender, por pocas luces que se quieran encender para analizar el asunto, que ambos tipos de afición no pueden ser ejemplares ni únicos al mismo tiempo... Uno de los dos, está creciendo y desarrollándose fraudulentamente a la sombra del otro. Es, sin ninguna duda, el menos numeroso, pero se hace notar infinitamente más... Es la fatalidad que tiene lo colectivo, en general, que hace falta muy poco malo para desmerecer el conjunto...
    Enormes diferencias entre estadios, y tal vez entre culturas: ese mismo domingo, por la mañana, en el estadio del Liverpool, el Chelsea ganó el partido, comprometiendo seriamente las posibilidades de los locales de ganar la Premier Ligue. La afición respondió ovacionando a su equipo y dándole ánimos para el próximo encuentro. Probablemente allí habrá también espectadores impacientes, cafres y alborotadores... pero seguramente menos, piensa este cronista ocasional al salir del fútbol la tarde del domingo, cuando la noche no acababa de cubrir con su manto las vergüenzas de un sector de la afición en algarada.
    Enormes diferencias, también, en este martes de fútbol europeo de alta escuela: Bayern M vs R Madrid. Unos abogan por la victoria del Real, proclamando su condición de madridistas, o la de españoles... Otros lo hacen por su derrota, manifestando ser enemigos de alguna de esas condiciones, o de las dos... 
    Son diferencias que se perciben por cuestiones menores pero que tienen un trasfondo preocupante: siendo tan dispares, ¿seremos capaces de progresar en el largo camino que conduce a la igualdad y a la verdadera democracia?... ¿No nos pesará, a todos, demasiado, tanta diferencia, expresada de forma tan visceral?...
     
     

     

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