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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 27
    Junio
    2012

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    Moriyón: política y profesión

     

    El camino de España hacia un futuro de progreso y bienestar se ve, desde hace tiempo, muy torcido. Solo lo podrán enderezar los españoles en un esfuerzo conjunto, solidario, inteligente y sostenido por sacar a este país del esperpento, dirigidos y tutelados por sus gobernantes…. Pero esta empresa roza casi el imposible; fundamentalmente porque nadie cree en los guías.
    Se ha publicado que en España hay cerca de 450.000 políticos, distribuidos en unas administraciones creadas más para resolver problemas antiguos que para solucionar los venideros. Como todo se ve mejor con referentes tal vez, si hacemos como para determinar la prima de riesgo y nos comparamos con Alemania, tendremos una visión ponderada del asunto: los líderes de Europa tienen el doble de población que nosotros y muchísimos más recursos que administrar, y lo hacen con menos de 150.000 políticos. Proporcionalmente a España debería de bastare con 75.000. Da miedo hacer la cuenta de los que sobran y pena comparar los resultados que obtienen con su gestión…
    Ciertamente el perfil del político español no parece el de un ciudadano que está de paso en la administración, con un compromiso con la ciudadanía firme pero pasajero, con su vida profesional ya encauzada y esperándole al final de la etapa pública. Un ciudadano para el que el cargo no sea una canonjía, una catapulta social, un chollo al que agarrarse hasta perder las uñas si fuere necesario, pues después le esperará la incertidumbre, sino una etapa de poner al servicio del país su esfuerzo y su talento, para después seguir como uno más, cuidando sus asuntos. Seguramente en Alemania habrá muchos más políticos de este perfil; y probablemente la tasa de corrupción política sea muy inferior a la de España. Tal vez no se pueda comparar, o no se deba… pero ya nos gustaría, a muchos, ver en las administraciones más talento y honradez de lo que vemos y presentimos, que no es mucho.
    Sin embargo parece evidente que nuestra clase política se gusta mucho a sí misma y  está encantada de reconocerse en sus perfiles tradicionales de gente que llega para quedarse hasta que pueda, hasta que los desalojen de la silla, sus trampas descubiertas o sus errores pagados en las urnas. Y miran torcido a quienes tienen otro aire, a los que el llegar no les supone lotería, ni el permanecer, cuestión de supervivencia. Lo digo por ese morbo de tantos en juzgar si la alcaldesa de Gijón opera o no opera alguna tarde en una u otra clínica, y establecer relación entre sus pasos en el ámbito privado con la imagen del noble Consistorio, en el que, por cierto, se han sentado y se sientan gentes que han dado tantos traspiés en lo público.

     

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